Monólogos de Godofreda

Son relatos escritos con voluntad y pasión. Combinan las experiencias y afanes cotidianos con las vivencias y fantasías de un pasado que se resiste a desaparecer. Se nombran y describen fiestas, tradiciones, sucesos, maneras de ser y proceder, de pobladores y visitantes de la hermosa y legendaria tierra, cuna de hombres de lucha, sabios y patriotas. Tixtla surge en cada línea con la exaltación de un escritor que lleva en su sangre y desde niño, los paisajes y la maravillosa sensación de una atmósfera física y moral de fieles añoranzas…

José Rodríguez Salgado

Fragmento

… Pude haberme llamado Carlota como la emperatriz esposa de Maximiliano, María Victoria en referencia la actriz que cantaba cachondo, Marilín como la actriz Norteamérica cuyas fotografía se llegan a mirar en revistas y periódicos de otros tiempos, tal vez me hubiese quedado que se me conociera con el nombre Dalila para que al llamarme recordaran a Sansón; bien me sentiría que se refirieran a mí con palabras como Dulce María, Antonieta, Fernanda,… pero, según el decir de mi abuela Macedonia, mi padre tan pronto como mi madre empezó con los dolores de parto recurrió al Calendario de Galván

El amor es bonito,…bonito. Yo tuve muchos hombres; pero de todos a quien más quise fue a El Güevo, Martín Miranda Ramos;.. aunque debo decir que a él no lo tengo presente como a Macedonio, El Canillas, a éste lo recuerdo más; era rete posturiento y gracejo el recondenado, además, muy guapo el recondenado; ¡guapo, guapo!, más bien diría que era retechulo, alto fornido con su paliacate atado al cuello y su sombrero ladeado como si con ello quisiera ocultar sus ojos azules y su sonrisa fácil coronada por bigotes negros; pero Dios quiso que me lo mataran; sí,.. a él lo mataron, ahí nada más amaneció debajo de un árbol como si de tanto dormir se le hubiese olvidado despertar. Recuerdo que le lloré mucho, mucho;… creo que de tanto hacerlo se me fueron secando las lágrimas hasta que un día sólo me quedó gimotear y más gimotear en seco por su ausencia que se desvaneció cuando llegó Federico, a quien le llamaban así por feo; su nombre era otro, o ve tú a saber si es todavía por eso de que no sé si vive, Arturo Armendáriz Pedraza rezaba su acta de nacimiento pero la gente lo conocía por Fede o Federico; parece como si lo estuviera oyendo; en una tarde próxima al anochecer, llegó con sus palabras bonitas como si supiera el recondenado que me hacía falta consuelo; no sé ni porque permití que se me acercara, lo cierto es que a poco tiempo de haberlo conocido ya lo estaba acogiendo en mi cama; no sé ni como se dio lo nuestro, llego a pensar que fue por mi soledad o porque tenía hambre de hombre, ¡sepa Dios lo que haya sido! Pero repentinamente me nació la querencia hacia él como si lo hubiese conocido desde tiempo atrás; con decirle que con el sólo hecho de pensar en él me entraban cosquilleos en el cuerpo y mi mente se perturbaba; Si eso es amor,… ¡el amor es bonito!; aunque deben saber que con el tiempo fue cambiando su modo de ser hacia mí; antes no quería que me estorbara nada cuando caminaba junto a él por la calle, pero ahí tienen que meses después de haberse mudado a mi casa se le fueron olvidando sus buenos modales, tanto que, en lugar de decirme como me acostumbró en el principio de lo nuestro: “cuidado, mi amor, no te vayas a lastimar un piecito”, me empezó a decir: “alza las patotas, patuleca, ¡fíjate si no te quieres partir la madre con esa piedra!”; pero miren que yo como si me dijera mialma, lo seguí viendo con cariño, yo creo que por eso que les digo, porque el amor es bonito, tan bonito que ataruga, te hace brava o te amansa, posiblemente porque te sirve de bálsamo de vida y te hace sentir dichosa.

No sé ni cuando se fue el tal Federico, y ahora que me acuerdo, tampoco recuerdo cuando vinieron y también en  qué momento se fueron otros hombres que acudieron a calentar mi cama y mi alma.

Me acuerdo de todos y tengo presente lo que hice con cada uno de ellos, al recordarlo siento estremecimiento en la piel y bullicio en las entrañas.  No me lo van a creer, pero aunque me vean vieja, todavía me dan ganitas de estar con los hombres, hasta llego a pensar que nada más porque son muy chismosos los recondenados, que si no, segura estoy que buscaría la forma de darme mis gustitos con quien se pusiera al alcance de mi existencia; porque deben saber que aunque me vean así con más de ochenta años vividos, todavía no se me secan las barrancas, ¡tengo apetencia de hembra, deseos de mujer fogosa!; luego entonces, como les digo, nada más porque son muy chismosos, que si no, seguramente buscaría la manera de estar con ellos; porque,… como les digo: eso del amor… es bonito, ¡muy bonito!.., bonito…, bonito.