Paloma María

El contenido de este libro es breve y su lenguaje, llano. El autor, profesor egresado de la Normal Rural “Raúl Isisdro Burgos” de Ayotzinapa, trae a cuento y describe con singular sencillez, matices de un drama que altera la tranquilidad de un pueblo rezagado como muchos hay en el suelo mexicano.
Una vez más, como lo plasma en sus libros: IMÁGENES Y MATICES, CONCHO TERENSIO Y MURMULLOS DE ARENA, en éste, Margarito López Ramírez demuestra su apego al entorno provinciano. He ahí que PALOMA MARÍA se acoja como algo que constata y valora el sentir, decir y actuar de algunas personas que habitan el entorno pueblerino.
José Manuel Tepetate Moyao

Fragmento

“… Es un pueblo pachanguero al que
concurre la gente de otros lugares. Aquí
cuando no es víspera, es día de festejo de
algún santo u ochavario de algo
relacionado con sus barros tradicionales.
“… El ornamento con papelería crepé, así
como arcos y postines hechos de flores,
hojas y varas verdes, el paseo de
mayordomías, encuentros con desfiles de
bandas y la algarabía que trae consigo el
chile frito y el tronar de cohetería, son
pan de cada día. Hay constantes
peregrinaciones de gente devota que deja
su casa y demás cosas que quiere para
concurrir a venerar a la santa patrona de
este lugar. Su feria se ve concurrida por
personas fuereñas que trae ofrendas:
flores, cirios y en ocasiones animales,
maíz, fríjol y otros productos que dan en
llamar diezmo. Las plazuelas que están
frente a las capillas en los barrios, se
llenan de juegos mecánicos, vendedores
de artesanías y antojitos. Al anochecer,
cuando han cesado los sonidos
armoniosos de la flauta y tamborilla que
anuncian el porrazo de tigres escenificado
por hombres que miden sus fuerzas y
habilidad luchadora, como un acto de
magia revestido de esplendor, se ilumina
el cielo con fuegos artificiales, la
cohetería estalla y provoca exclamaciones
de asombro y alegría al tiempo que se oye
el jolgorio que arman músicos y
bailadores de tarima y resuena la cantaleta
de quien pregona las cartas de la lotería:
“el que le cantó a San Pedro (el gallo), el
que goza de dos cueros (el tambor), larga,
gruesa y cabezona (la garza), la cobija de
los pobres (el sol), valiente con la mujeres
(valiente).
“… Es un pueblo folclórico”, dicen
quienes vienen de visita, un lugar con
ambiente que invita a regresar, provincia
bañada de sol, terruño con quietud y sabor
a campo. Aunque mucho de ello se ha ido
perdiendo al transcurrir el tiempo y es
notoria la presencia de personas extrañas
que han influido en el trato que se daba
antaño entre los habitantes, se le sigue
considerando un lugar como ya pocos
hay, un pueblo con rumbo, solar de
paisajes: huertos, sembradíos que semejan
tapiz de verdor y colorido diversos, casas
y chozas confortables, calles y callejuelas
recubiertas de cantos y lajas por donde se
va y viene llevando alegría, trayendo
tristeza, y también amores y desamores,
que son; como bálsamos de vida, como
designios inexorable.
“… Cuando se ha nacido y vivido en este…”