septiembre 8

En referencia a La Muerte

“…Estuvo aquí,… deambuló allá…; la muerte es ésto…, es lo otro…”, dice la gente. Y de sus expresiones surgen preguntas inquietantes:

“¿Quién es ese “ente” que la humanidad denomina “Muerte”?.. ¿Cómo es su apariencia física, si es que la tiene?… ¿Viste?… ¿Calza?… ¿Canta?… ¿Baila?… ¿Come?… ¿Bebe vino y disfruta de otros placeres mundanos?…”

Ante la incertidumbre aposentada sobre los humanos, imaginamos que es a semejanza a lo que creemos que es o quisiéramos que fuese. Y he aquí que en el devenir profano, el arte, la literatura, la filosofía, la religión,… se le mencione o describa: ya como “huesuda, ya como calaca, cadavérica, parlanchina, fúnebre, macabra, Parca…”

Pero, no obstante la simplicidad o creatividad ingeniosa de quienes se refieren a ella; nadie puede afirmar o negar que es cierta la apariencia que se le adjudica, porque nadie la ha visto. La muerte puede ser un ente agradable, fino, hermoso, elegante, apacible o tal vez violento, detestable, macabro, feo,…

De ese ámbito enigmático e intangible que la o lo rodea, (válgase decir: “la o lo” porque no se conocen referencias de si su género es masculino o femenino), se avizora que en el destino de los mortales está él o ella como algo ineludible, algo que tarde o temprano arribará a manera de principio, pausa, tránsito o final terrenal. He ahí que le asiste la razón a quien afirma que “La Muerte es democrática, porque a fin de cuentas, sea: güera, morena, rica o pobre, la gente acaba siendo calavera”.

Derivado de este contexto, hay quienes viven acogiéndose a expresiones mundanas: “Come y bebe que la vida es breve…” “Matrimonio y mortaja, del cielo baja,…” o plácidamente se dejan llevar en la vida por lo que significa la afirmación de León Tolstoi: “La muerte no es más que un cambio de visión”… La muerte…