mayo 8

 

 

 

 

LIBRO:

SONES DE TARIMA Y LA DANZA DE LOS MANUELES

(FRAGMENTOS)

 

 

Autores:

Margarito López Ramírez y

Reynaldo Alcaraz Peñaloza

 

 

DEDICATORIA:

A la memoria de

Pedro Esperanza Vega

Anastacio Ramírez Hernández

Juanita Hernández

Pánfilo Ramírez Hernández

 

  

 

 

SONES DE TARIMA

 

Consideraciones:

La danza representa un momento real y hasta mágico vinculado a la cultura e historia de los pueblos; es la ejecución de movimientos y mímica corporales con carácter lúdico, religioso o artístico.

 Partiendo de esta conceptualización, el baile e interpretación de sones de tarima son manifestaciones artísticas, expresiones socioculturales que denotan ser y sentir de quienes crean, cantan, bailan y admiran este género musical que asienta sus raíces en Tixtla de Guerrero.

 Se ha establecido como tradición que ejecutantes y bailadores de sones de tarima estén presentes en los jolgorios del solar tixtleco; sin importar que éstos sean de carácter social, cívico o religioso: ¡la tarima, cantantes y bailadores arman bulla pueblerina!

 

Los autores

 

 

 

  Origen de los sones tixtlecos

 

 

 

 

Los orígenes de los sones de tarima provienen de un ayer distante que involucra el hacer y decir de argentinos, chilenos, peruanos, africanos y mexicanos; la mención de éstos encuentra sustento en breve explicación:

 En Chile y Argentina se crea la zamba, palabra proveniente del vocablo zambo que tiene un significado que da a entender que es caliente (baile caliente).

 En Perú nace la cueca, referente de clueca o, como se dice en lenguaje pueblerino mexicano: culeca. Posiblemente se da este nombre en razón de que ésta se baila a semejanza de los movimientos que ejecuta el gallo que corteja a una gallina: el hombre usa un pañuelo rojo que representa la cresta del animal, sirve para guiar los movimientos de la pareja.

La zamba, menos popular que la cueca, se fusionó con ésta dando lugar a la zamacueca que, como baile típico, floreció en Perú, y fue acogida por los argentinos y chilenos, pero en ambos países se populariza con el nombre chilenas hasta que entre ambos países hay desavenencias y guerras, propiciando que los argentinos la llamen marinas en honor a un barco peruano.

 Se afirma también que navegantes argentinos, chilenos y peruanos trajeron hasta las costas guerrerenses (Acapulco) esta música y baile, y con ellos los vocablos: marinas, chilenas y cueca, quedando en el ánimo de los aldeanos, el de chilenas.

 

Por otra parte, se rumorea que algunos grupos de esclavos africanos liberados o huyentes encontraron refugio en las costas de lo que es actualmente el estado de Guerrero, y que fueron éstos quienes acogieron la chilena imprimiéndole matices de sus rituales, ritmos e instrumentos musicales. Estos grupos afromestizos, asentados en la extensión territorial que hoy se denomina Costa Chica, innovaron la chilena transformándola en lo que hoy se conoce como sones de artesa, llamados así, posiblemente, porque se bailan sobre una artesa.

Y, es obvio que en este proceso se involucre a los mexicanos, porque según versiones transmitidas a través de la tradición oral, las chilenas, más tarde conocidas como sones de artesa, llegaron a Tixtla en el siglo XIX en donde la gente les imprimió peculiaridades propias. Si bien es cierto que en el inicio de esta adopción los tixtlecos las cantaron al estilo de la Costa Chica, también lo es que éstos crearon sus composiciones musicales, adaptando letra y ritmo a la idiosincrasia de los habitantes asentados en el centro del estado; tomaron como propios algunos instrumentos pero incorporaron otros, modificaron el bailoteo, incorporaron el taconeo e introdujeron algunos cambios en la indumentaria de los bailadores; usaron la tarima.

 

¿Cómo llegaron los sones de artesa a Tixtla?

 

Existen antecedentes de que, en tanto que la mayoría de los habitantes de este lugar se dedicaban a la agricultura y ganadería, otros se ocupaban en la arriería con fines comerciales. Testimonios escritos dan fe de que el General Vicente Ramón Guerrero Saldaña se dedicó a la arriería. Según el decir de quienes hablan de esta actividad, los arrieros conducían sus recuas llevando, a lomo de mulas, caballos y burros, sus mercancías: unos por el Camino Real que conducía al puerto de Acapulco, y otros transitando caminos de herradura que conducían a diversos poblados asentados en la topografía del suelo nacional. Se afirma que en este ir y venir de hombres y mujeres, los sones de artesa transitaron de la Costa Chica a Tixtla. También se comenta que oriundos de esta región concurrían a la festividad de La Virgen de la Natividad trayéndole a esta deidad sus cantares y bailes que agradaron a los tixtlecos y a quienes concurrían en peregrinar santo.

Entre los sones de artesa y sones de tarima, considerados un valor artístico-cultural de los guerrerenses, existen similitudes y diferencias:

 La similitud se constata al observar que tanto los bailes de artesa como los sones de tarima son ritmos en los que las mujeres muestran donaire, gracia y simpatía, y los hombres hacen derroche de gallardía, fuerza y viveza; por ello es criticable la actitud de quienes bailan estos sones con movimientos estilizados y más cuando los hombres asumen movimientos y mímica alejados de lo varonil.

 Similitud y/o diferencias: en la Región de la Costa Chica de Guerrero, la chilena o sones de artesa originalmente se bailan sobre un enorme  tronco de árbol en un extremo superiores destaca imponente la cabeza de un toro o caballo labrados y en el otro la cola correspondiente del animal; el madero tiene concavidad en la parte inferior a manera de cajón que hace contacto con la tierra tal y como se observa en algunos lugares del municipio de Florencio Villarreal: Cruz Grande, El Atrancadero, Arroyo Seco, Vista Hermosa, Los Charquitos… en donde los sones de artesa adoptaron el clásico redoble africano y el uso del tapeo en el arpa, por lo que fue sustituido el tambor; también se observa que en la chilena se introdujeron paseos y descansos; la vestimenta de la mujer está conformada por falda larga y amplia confeccionada de tela estampada, blusa bordada de chaquira (considerada de lujo), huaraches o zapato de tacón; la indumentaria del hombre se compone de pantalón y camisa blancos o pantalón de color fuerte y camisa blanca, sombrero de la región y en la mano un pañuelo, calza huaraches o botines, aunque, en algunas ocasiones, es común observar que tanto hombres como mujeres danzan descalzos.

Respecto a los instrumentos utilizados en la Costa Chica, destacan: arpa, jarana, cajón de tapeo y una guitarra con cuerdas metálicas.

 Además de El cardenal, Pájaro carpintero, El pato, El palomo, El zopilote y El gato, existen otros sones de artesa que frecuentemente se cantan y bailan en Tixtla de Guerrero, de éstos citemos fragmentos:

 

 

La iguana:

Si quieres comer iguana

yo te la voy a agarrar (se repite)

En el patio de tía Juana

se salen a calentar (se repite)…

 

Vapor chileno:

Cuando el vapor chileno

viene chillando jay (se repite)

Las negras en el muelle

se andan paseando que le da y le da (se repite)…

 

Los maripositos:

Señora la barca es mía

y los remos son de usted (se repite)

Usted váyase en la barca

que yo por tierra me iré (se repite)…

 

 

Tarima

 En Tixtla de Guerrero los sones se bailan sobre una tarima hecha de fragmentos de madera: la parte superior sobre la que sirve de base a los bailadores, es rectangular de aproximadamente 2.5 m de largo por 1.20 m de ancho, y en sus laterales los maderos miden 30 ó 40 centímetro de altura. Dentro de la concavidad de la tarima llegan a colocarse argollas y en las laterales se hacen orificios para dar mayor sonoridad a los pasos y el taconeo de los bailadores.

 La indumentaria del hombre está conformada por: calzón y cotón de manta, huaraches o botines, sombrero de palma y dos paliacates, uno en el cuello y otro en la mano derecha que sirve para señalar a la pareja hacia dónde se dirigirá el siguiente movimiento (el sombrero, ocasionalmente es originario de San Luis Acatlán, lugar asentado en la región de la Costa Chica).

 El atuendo tradicional de las mujeres en similar al usado por las mujeres tixtlecas en los inicios del siglo XX: falda larga (con una variante según los gustos o costumbre de una o de otras) y amplia con dos pastelones en la parte posterior, con holán abajo, adornada con encajes de algodón, confeccionada con tela estampada con flores de trazo diminuto, colores suaves, no chillantes; con la misma tela se elaboraba la blusa, cuyas mangas largas se veían coronadas con blondas de seda, en el cuello se le elaboraba una confección de forma circular con resorte en la parte de abajo para formar un holán; las más de las veces portaban rebozo de color obscuro traído de Tenancingo estado de México y zapato de tacón.

 No obstante que en la actualidad algunos bailadores de tarima usan vestimenta informal, el público les aplaude si sus movimientos y soltura tienen apego a lo que tradicionalmente se conoce como sones de tarima.

 El baile de tarima ha tomado renombre y es motivo de admiración no sólo en la región centro del estado guerrerense, sino que, al igual que otras estampas del folclor mexicano, ha trascendido allende las fronteras del suelo nacional en donde amén de mostrar sensibilidad y destreza de sus ejecutantes, deja de manifiesto la sensibilidad y creatividad artísticos que poseen hombres y mujeres de esta generosa tierra, a modo que en muchos lugares se les conoce como sones de tarima de Tixtla.

 

Bailadores de renombre:

 

Facunda Basilio y Pedro Esperanza Vega

 

Existen referencias de quienes fueron excelentes bailadores de tarima, compositores o ejecutantes de música y versos de los sones:

 De antaño. Personas de avanzada edad que testificaron el inicio del siglo XXI expresan con júbilo haber visto a bailadores de la talla de Silverio Castillo, Ascención Peñaloza Alcaraz, Juanita Hernández, Marcelino Gómez Bello, Eugenio Valadez, Febronio Alcaraz, Plácido López, Alberta López Bello, Rosa Moctezuma, Alejandra Muñoz, Wulfrano Alcaraz, Rosa Juárez, Úrsula Santos, Herminio Astudillo, Altagracia Alcaraz, Beatriz García López, Gustavo Ramírez, Miguel Ramírez, Crescencio Astudillo Vargas, Enedina y Margarita Gómez García, Aurelia Basilio, Sofía Vega, Fulgencia Astudillo, Sara Basilio Díaz, Juan Valle Vargas, Brígido Basilio Astudillo, Féliz, Dolores y Jesús Ojeda Catalán, María de Jesús Catalán, Carmen Bello Basilio, Trinidad Catalán…

 

De entre otros bailadores que hicieron época en la primera y segunda mitad del del siglo XX, cabe mencionar a: Andrea y Porfiria Moctezuma, Facunda Basilio Basilio, Carmen Jiménez Cienfuegos, Albina Alcaraz, Paula Astudillo, Güenda de Ramírez, Isaura Ramírez de Castrejón, Laura Rodríguez Mera, Isabel García Gómez, Lamberto Vega, Eufracio González, Reynaldo Alcaraz Vega, Pedro Esperanza Vega López, Rafael Alcaraz Hernández, Palemón Díaz (Palemón sin zapatos, porque bailaba descalzo), Reberiano Gómez, Bertha Gómez Franco, Luís Ramírez, Luciano Alcaraz, Félix y Jesús Ojeda, Tomás Alcaraz, Pedro Astudillo, Juan Gómez, Eduardo Ramírez, Elia Vega, Mario Peñaloza Gómez, Hipólito Basilio Gómez, Adolfo Bernal Lara, Albino López Nava…

 De entre quienes fueron excelentes bailadores de tarima en la postrimería del siglo XX, cabe citar a: Sara y Orquídea Basilio Parra, Eudosia Eloína Valadez Tepéc, Mario Manuel Encarnación Robledo, Doris Fierro Flores, Rosa Gudiño Millán, Enrique Valle Flores, Miguel Ángel Alcaraz Debray, Juan Pablo López Castro, José Guadalupe González Vargas, Ricardo Lara Vargas, Juan Bernardo y Carlos Alberto Alcaraz López, Miguel Ángel de la Cruz Alcaraz, Luis Francisco Albañil Ojeda, Miguel Ángel Albañil Salmerón, Rogelio Alcaraz Basilio, Miguel Ángel, Roberto, Lorena y Anabel Alcaraz Basilio, Hugo Catalán Secundino, Román y Magdalena Basilio Alejandro, Dania Francely Morales López, Rodrigo, Blanca Dea y Natividad Sandoval Cervantes, Bernardo y Aurora Alcaraz Peñaloza, Lilia y José Enrique Valle Vargas, Arturo, Francisco, Martha y Óscar Basilio Gómez, Brígido Astudillo Rodríguez, Sofía Rodríguez Mera, Magdalena Valle Florez, Víctor Peñaloza Encarnación, Claudio Morales Muñoz, Enoc Hernández Alarcón, Miguel Ángel, Arturo, Luz del Carmen y Alejandro Gómez Franco, Luis Román, Maricruz, Magdalena y Verónica Basilio Alejandro, Ada Angélica y Patricia Moreno Ojeda, Noemísabel Bánchez Navarrete, Georgina Torreblanca, Lucía de la Paz Ojeda, Alejandro Salinas Hidalgo, Samuel Espíritu, Hana Basilio Minor, Edith Muñoz Cienfuegos, Abad Tizapa, Javier Díaz Miranda, Andrés Navarro, Rocío Nárez Jiménez, Leonor y José Luis Hernández García, Elda Peralta Flores, Aneidi y Rubicelia González Alejandro, Teresa Hernández, Elena Dircio, Roberto González Flores, Jesús Enmanuel Valle Hernández, Princesa Vargas, Armando Vargas Juárez…

 

 Instrumentos musicales

 

 La mayoría de los grupos musicales utilizan:

 Jaranas y/o vihuelas y cajón de tapeo que se golpea con una tablita pequeña que el tapeador sujeta en una de sus manos.

 Algunos grupos utilizan el arpa, instrumento musical que fue ejecutado por algunos lugareños en las postrimerías del siglo XIX y principio del siglo XX.

 Según versiones de quienes han transitado en la bulla que arman los sones de tarima, este instrumento dejó de utilizarse en Tixtla durante algunas décadas, resurgiendo su presencia en el año de 1965 cuando el señor Eduardo Gallardo, originario de Cruz Grande, enseñó la ejecución de este armonioso instrumento musical a don Juan Valle Vargas y también a Vicente González Alejandro, cuando éste era un niño.

 

 Pioneros de los sones de tarima en Tixtla

Los primeros grupos musicales no tenían nombre, ya que ocasionalmente se integraban con diferentes personas ejecutando diversos instrumentos musicales, destacan, entre otros: Anastasio Ramírez Hernández y Anastacio Ramírez Ramírez (jarana), abuelo y padre respectivamente de la señora Isaura Ramírez; Librado González (arpa), Tomás Alcaraz (jarana), Roberto Ramírez Hernández (jarana), Palemón Díaz (tapeador), Daniel Vega (jarana), Marcelino Gómez (tapeador), Valeriano Moctezuma (arpa), Alejandro Chepillo (arpa), Eugenio Hernández (jarana), Eustacio Ojeda (jarana), Eugenio González (tapeador), Luciano Chepillo (jarana), Alfonso Hernández Hernández (vihuela), Juan Cervantes (jarana), Chano Alcaraz (jarana), Alberto Astudillo (tapeador), Leobardo y Alejandro Gómez García (jarana), Cirino López (tapeador), Cruz Morales Ramos (jarana), Palemón Díaz, Eugenio Hernández,  Valeriano Morales… de entre éstos hubo destacados compositores cantantes y/o bailadores.

 

Conjuntos tarimeros de renombre en Tixtla, (según datos recabados en el año 2010):

Los Azohuastles integrado en su inicio por los señores: Jesús Ramírez Ramírez (jarana), Arturo Alarcón Estrada (vihuela), Alberto Astudillo (cajón), tiempo después se integró a éste Vicente González Alejandro (arpa). Al retirarse Alberto Astudillo ingresó Isaías Basilio Bautista; al morir Jesús Ramírez Ramírez lo sustituye Juan Dircio Adame. Años después Vicente González Alejandro se excluye del grupo, quedando en éste: Arturo Alarcón, Isaías Basilio y Juan Dircio quienes tuvieron mayor trascendencia.

As del Sur integrado por los señores: Cruz Morales Ramos (jarana), Juan Dircio Adame (vihuela), Juan Valle Vargas (vihuela), Daniel Vargas González (cajón), Vicente González Alejandro.

 

 Conjuntos tarimeros contemporáneos en Tixtla de Guerrero

Entre otros: 

 

Los Azohuaztles, intergado por Jesús Ramírez Ramírez(jarana), Arturo Alarcón Estrada(vihuela), Alberto Astudillo(cajón).

Tiempo después se integró a éste, Vicente González Alejandro(arpa). Al retirarse Alberto Astudillo, ingresó Isaías Basilio Bautista; al morir don Jesús Ramírez, ingresa Juan Dircio Adame.

Alma Tixtleca integrado por Vicente Ojeda González (vihuela), Juan José Vargas Catalán (vihuela) y Enoc Hernández Alarcón (cajón).

 

 

 

Los Fandangueros de Tixtla, integrado por Vicente González Alejandro (arpa), José Guadalupe González Vargas (cajón), José Antonio González Vargas (vihuela).Papaquis, integrado por Hugo Catalán Secundino (vihuela), Diana Gutiérrez Leyva (cajón) y Jorge Rufino Anastasio (vihuela).

 

 

Tradición Fandanguera integrado por José Guadalupe González Vargas (vihuela), Manuel Beltrán Díaz (arpa), Juan Pablo López Castro (cajón).

 

Tlahuilos integrado por Eugenio Dircio Santos (vihuela), Adrián Santos Juárez (cajón), Juan Tlatempa Flores (vihuela), Roberto González Flores (vihuela) y David Alarcón Gómez (vihuela).

 

 

Grupo Tlatelulco integrado por Bernardo Alcaraz Peñaloza (cajón), Juan Bernardo Alcaraz López (vihuela), Carlos Alberto Alcaraz López (vihuela), Javier Martínez Salazar (vihuela).

 

Grano de Oro integrado por Miguel Ángel de la Cruz Alcaraz (vihuela), Ricardo Lara Vargas (vihuela), Armando Vargas Juárez (vihuela) y Agustín Barrios Guevara (cajón).

 

Los Abajeños integrado por Cirino López Bello (+), Claudio Morales Muñoz (vihuela), Gonzalo Gómez Franco (vihuela), Ángel González Astudillo (vihuela) y Ulises Morales López (cajón).

 

 As del Sur (actual) integrado por Cruz Morales Ramos(+) (Vihuela, Eduardo Morales Bello (Vihuela), Maricruz Morales Bello (Cajón).

 

 

 

As de Oros integrado por Juan Valle Vargas (vihuela), Adolfo Bernal Lara (vihuela), Enrique Valle Flores (vihuela) y Emmanuel Valle Hernández (cajón).

 

Amigos de San Lucas integrado por Roberto Hernández Peña (vihuela) y Gumaro Hernández Avilés (vihuela).

 

 

Tlahuilpan integrado por Florencio Dircio Robledo (vihuela), Pavel Tonatiuh Dircio Jiménez (vihuela) y Pavel Tonameyotzin Dircio Jiménez (cajón).

 Espejo de los Dioses integrado por Josafat Albañil Salmerón (vihuela), Salomón Albañil Salmerón (vihuela), Luis Francisco Albañil Ojeda (vihuela) y Miguel Ángel Albañil Salmerón (cajón).

 

Gallo de Oro integrado por Álvaro Zamudio Loza (vihuela), Juvencio Robledo López (cajón) y Hermelando Alcaraz Jaimes (vihuela).

 

Chintetes integrados por Agustín Barrios Guevara (arpa), Carlos Axel Bello Dircio (vihuela), Diego Hernán Bello Dircio (vihuela), Sebastián Bello Dircio (cajón) y Luis Enrique Ledezma Bello.

 

Pichihuaztles integrado por Arturo, Francisco Javier e Hipólito  Basilio Gómez.

 

El Chincual, integrado por Mario Manuel Encarnación Robledo, Carlos y Rodrígo Encarnación Fierro y Alcides Vega Dimayuga.

 

Además de los grupos musicales que tradicionalmente interpretan sones de tarima en el ámbito tixtleco, existen conjuntos que operan en otros ámbitos:

 

Papaquis, integrado por Hugo Catalán Secundino, Diana Gutiérrez Leyva y Jorge Rufino Anastasio.

Tlahuilpan, integrado por Florencio Dircio Robledo (vihuela), Pavel Tonatiuh Dircio Jiménez (vihuela) y Pavel Tonameyotzin Dircio Jiménez (cajón).

 El Nahual (Distrito Federal), integrado por Iván Cortés Calderón, Eliud Vázquez Luna, Lindarocio Quiroz Hernández, Isaac Hernández Vargas y Salvador­ Martínez Martínez.

 Gallos Plateados (Distrito Federal), integrado por José Servín, Fredi Campos, Gregorio Cordero y Carlos Rivera.

 Ziranaí (Distrito Federal), integrado por Pavel Julián Romero Solís…

 Netotelitle (Acapulco de Juárez, Guerrero),integrado por Lino E. Vielma Heras y Alan Daniel Posas.

 La negra Mora (Distrito Federal), integrado por Javier Obregón Hernández, Patricia López Cabrera y Cibele Melo Paredes.

 Grupo de Coacalco (Estado de México, integrado por Rosalba Bello Vargas e Israel Martínez López.

 Yolotecuani (Distrito Federal), integrado por David Peñaloza (arpa), Isabel Coronel (cajón), Osvaldo Peñaloza (cajón), César Martínez (jarana).

 Grupo de la Escuela Normal Federal Rafael Ramírez (Chilpancingo de los Bravo, Gro.), el responsable del grupo es Víctor Manuel Marroquín Cristóbal (jarana).

 Compositores y/o arreglistas musicales:

 Entre los más destacados compositores y/o arreglistas de sones de tarima tixtlecos, destacan:

 Anastacio Ramírez Ramírez, Raúl Isidro Burgos, Pablo Astudillo Guillemau, Juan Dircio Adame, Eugenio Hernández, Alfonso Hernández Hernández, Ausencio García Luna, Cruz Morales Ramos, Juan Valle Vargas, Vicente González Alejandro, Maximino Vega Zamudio, Ángel González Astudillo, Vicente Pantaleón Guerrero, Vicente Peralta Flores, Eduardo Morales Bello…

 

Fragmentos de:

 

Granito de Oro

(Anastacio Ramírez Ramírez)

 

Se llama granito de Oro

El toro de la manada

Apuesto que el tigre al toro

Peleando no le hace nada

Se llama granito de oro…

 

La hormiguita

(Pablo Astudillo Guillemau)

 

Hormiguita, que afanosa

trabajas de sol a sol,

tu inquietud no se parece

a mi inerte corazón…

 

El son valiente

(Raúl Isidro Burgos)

 

Son de la tierra Caliente

De Guerrero y Michoacán,

y que tiene el alma misma

del campesino de allá…

 

La costeñita

(Juan Dircio Adame, 1966)

 

Costeñita consentida

estrella en la madrugada

ayer me dijiste que hora

hay me dices que mañana…

 

 

 

 

 

Torito

(Cruz Morales Ramos)

 

Este torito que traigo

no es norteño ni extranjero

es un torito del centro

del estado de Guerrero.

 

El Santuario

(Juan Valle Vargas)

 

Soy del barrio de Santuario,

me dicen el santuareño,

porque me gusta el mezcal

y mi color es trigueño…

 

Los barrios

(Maximino Vega Zamudio)

 

Señores voy a cantarle

los recuerdos que he vivido,

con gente linda y sincera

que es de mi Tixtla querido…

 

El gavilancito

(Vicente González Alejandro, 26-05-1978)

 

Un gavilancito

que anda por el aire

busca su alimento

para calmar su hambre…

 

Los tigres

(Ángel González Astudillo)

 

Los tigres aquí en mi pueblo

también bajan con sigilo

los vemos siempre en las ferias

del Santuario y San Isidro…

 

A Tixtla

 

(Vicente Pantaleón Guerrero)

 Tixtla “espejo de los dioses”

de luchas y de ilusiones

¡Lugar que fundes la historia

con fiestas y tradiciones!…

 

A Tixtla

(Vicente Peralta Flores)

 

He compuesto esta canción

con pedacitos de mi alma

con todo mi corazón

a un lugar de mucha calma…

 

El tixtleco

(Alfonso Hernández Hernández)

 

Señores yo soy de Tixtla

pero de Tixtla Guerrero

de donde nacen bailando

y el fandango es lo primero…

 

Los cebolleros

(Ausencio García Luna)

 

Desde Tixtla hemos venido

cantando este alegre son

nos dicen los cebolleros

amados de corazón…

 

El paisanito

(Eduardo Morales Bello)

 

Pongan atención señores

a este son que es muy bonito

porque lo bailan mayores

y también los jovencitos

 

 

La tarima sobre la cual se bailan los sones de Tixtla, también ha sido motivo de inspiración poética. Del profesor Cesario Hernández Bello citaremos algunos versos producto de su inspiración:

Tarima que en la plazuela

colocan los del fandango,

permite que en ti yo goce

hechizos de un zapateado…

 

… La jarana y el tapeado

le dan rima y vida al arpa

que tiene cuerdas de sapo

o de metal, bien afinados…

 

… Patito de la laguna

que nadas en agua fría,

métete en el corazón

de quien es el alma mía…

 

Patito de arroyo seco

vuela y llévale a mi amor

estos sones de tixtlecos

que son de mi adoración…

 

 

 .o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.

 

   

DANZA DE LOS MANUELES

 

Consideraciones:

 La danza de los Manueles es originaria de Tixtla de Guerrero. Por versiones que se han venido transmitiendo de generación a generación se sabe que surgió como expresión artística encaminada a ridiculizar a don Manuel y a su esposa, dueños de una hacienda asentada en las inmediaciones del valle tixtleco.

 Según el decir de la gente, el hacendado de origen español, además de ser celoso, déspota, prepotente y explotador, daba mal trato a hombres, mujeres y niños que estaban bajo su mando, los obligaba a trabajar más de lo acostumbrado y, en ocasiones, los golpeaba con el bastón que utilizaba para caminar. Contrario al proceder de su esposo, su mujer, hembra rubia de avanzada edad y cuerpo voluminoso que vestía a la usanza de las mujeres del lugar, ésta era cariñosa y hasta apapachadora con sus trabajantes.

Un día excepcional en la hacienda era cada jueves de Corpus, cuando don Manuel festejaba su santo. Ese día echaba la casa por la ventana: daba abundante comida y bebida a su servidumbre y los hacía copartícipes de un jolgorio musical en el que su esposa, ya entrada en copas, se manifestaba más efusiva con sus invitados; bailaba con ellos, los manoseaba y los hasta jaloneaba para propiciar que en un descuido cayeran al piso. En tanto esto sucedía, don Manuel, molesto e indignado por el mal comportamiento de su mujer, la seguía en su bailoteo al tiempo que desahogaba su malestar dando bastonazos a diestra y siniestra a quienes encontraba a su paso.

 Este acontecer se repetía año con año de ahí que los peones, dolidos por el maltrato que recibían de él,  buscaron la manera de ridiculizarlo; para ello prepararon un sainete que encubrieron en una danza que a la postre ejecutaron en la fiesta anual. Quienes idearon y ejecutaron esta representación artística imaginaban el posible enojo que con ella motivarían en el ánimo del hacendado, pero tamaña sorpresa tuvieron al observar que, más que enojo, ésta le agradó y emocionado dispuso que se ejecutara cada año en honor a él.

 

  Características

 Música: la entrada, los nueve sones, y la salida que la conforman, son ejecutados con un tambor y un violín.

 Indumentaria: Los bailadores (siete parejas ejecutantes) utilizan tres tipos de atuendos:

 

Los peones: Visten calzón que les cubre las piernas hasta la rodilla en donde se sujeta con un resorte que da forma a una especie de holán, un cotón de mangas largas con la misma terminación en la proximidad de las manos, cuello redondo con repulgos. Complementan su indumentaria con un sombrero de palma, forrado con la misma tela utilizada en su traje y decorado con moños de listón y pequeños trozos de carrizo que semejan trenzas y rizos de la Manuela. En la parte superior del sombrero colocan pequeños espejos que representan los abundantes brillantes que usaba la dama. El danzante cubre su cara con máscara de facciones diminutas, afín a las del hacendado, calza zapatos a la usanza de aquella época y medias de popotillo. El traje que inicialmente usaron fue confeccionado con manta, pero en la actualidad, para ofrecer mayor vistosidad, se utiliza satín de diferentes colores.

 La Manuela se engalana con falda y blusa largas y muy amplias hechas con tela de algodón estampado con flores pequeñas; calza zapatos de tacón grueso, usa medias de popotillo, luce cabellera larga y rubia hecha con ixtle trenzada con listones de un solo color. Quien la representa usa máscara de facciones finas que ridiculiza gestos y una boca chueca y carente de algunos dientes. Complementa la personificación de la Manuela colocándose enormes senos y caderas que se le mueven desacompasadamente durante su bailoteo al ritmo del tambor y el violín.

 Don Manuel, hombre alto y delgado, luce traje negro, camisa blanca, corbata mal anudada, sombrero negro de copa alta, adornado con un listón rojo, zapatos y medias de popotillo. Su máscara al igual que las de sus acompañantes portan un remedo de cigarrillo. Los danzantes portan en la mano izquierda bastones hechos de ramas torcidas que semejan culebras y en la derecha un bule pequeño que simula una sonaja.

 Al transcurrir el tiempo el vulgo dio en llamar a esta danza: Los Manueles que se ha incorporado a las festividades y su participación en concursos ha merecido reconocimiento a sus ejecutantes y premios diversos a quienes la impulsan consolidándola, al igual que los sones de tarima, como valor artístico que conlleva matices de identidad nacional que enorgullece a los tixtlecos.

 

 

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Epílogo en el libro 

SONES DE TARIMA Y LA DANZA DE LOS MANUELES

 

¡Amanece!, y a la par de entrecerrar las páginas que contienen algo de lo mucho que se puede decir de la danza de los Manueles y los sones de la tarima, evocamos alborotos y bulla pueblerinos en los encuentros mayordomales, atraemos voces de cantadores, taconeos de bailadores sobre una tarima Chincualuda y ecos provenientes de vihuelas,  jaranas, arpas y cajones para tapear.

Dejando en abandono temporal lo asentado en papel y tinta, transitamos por plazuelas y calles hasta llegar a la puerta de un hogar adornada de carrizos, arreglos floridos de papel crepé y china, cadenas de tapayola, cañas y varas de San José, y, dado que este es nuestro destino momentáneo, acompañados de quienes hacen vibrar sus instrumentos musicales, nos disponemos a cantar los papaquis tixtlecos: Es aquí o no es aquí, o será más adelante, pero dicen que aquí vive la perla con su diamante…, y, de inmediato, quienes nos acompañan, repetirán: es aquí o no es aquí o será más… Y, acto seguido, no sin antes decir aquello que declamaba el buen amigo Colaco del meritito barrio del Santuario: no traigo corona de oro/ ni tampoco de cristal/sólo traigo mi barriga/pa´ llenarla de mezcal… nos adentraremos a un hogar cuya puerta está adornada con listones y crespones de papel crepé, cañas, carrizos y varas de San José en donde empezará el jolgorio: en carrizos recortados se servirá mezcal y al son de la banda se bailará y cantará mientras algunas mujeres, sobre mesas cubiertas con manteles, depositan suculentas cazuelas de humeante pozole, rodeadas de cebollas tiernas, limas agrias, platitos con chile seco molido, orégano, chile verde y pedazos de limón. Conocedores de las costumbres de nuestro pueblo, nos meteremos hasta la cocina y ofreceremos traguitos a las señoras que han preparado los alimentos y, ahí entre queriendo y no queriendo tomaremos una copa con cada una de ellas. ¡Salud!, para instantes después zapatear con ahínco sobre una tarima chincualuda al ritmo de cantares y cadencias procedentes de cajas para tapear, arpas, jaranas y vihuelas.

 Y si en plena bulla nos sorprende el tañer de campanas repetiremos a coro versos del poema de Luis Rosado Vega: ¡”Hay fiesta en mi pueblo, señor, las campanas lo dicen riendo, lo gritan ufanas con su varío son. ¡Tocad, campanas de mi corazón…”

 

 

Referencias

—        Archivo de la Parroquia del Santuario de la Natividad de María, Tixtla de Guerrero, Gro.

—        Geografía Histórica de la Nueva España, 1519-1821, Peter Gerhard.

 

Personas consultadas

Bernardo Alcaraz Peñaloza

Vicente González Alejandro

Isaura Ramírez Basilio

Hipólito Basilio Gómez