octubre 20

 

 

 

HUENTLI   A  LOS MUERTOS”

 

Por Margarito López Ramírez

 

 Más allá de la devastación

que trajeron consigo las recientes lluvias torrenciales,

predominarán: religiosidad, creencias, tradiciones

y costumbres del pueblo mexicano en la celebración

dedicada a quienes han rebasado el umbral de la vida;

 habrá en hogares, cementerios, campo abierto y sepulturas,

OFRENDAS A LOS MUERTOS.

 

 

La Muerte

¿Quién es ese “ente”  que la humanidad denomina  “Muerte?.. ¿Cómo es su apariencia física si es que la tiene?… ¿viste?… ¿Calza?…  ¿Canta?… ¿Baila?,… ¿Come?,… ¿Bebe vino y disfruta de otros placeres mundanos?…

 

Sólo cabe imaginarla a semejanza de lo que creemos que es, o queremos que sea; por esa y más razones la representamos o mencionamos, dibujándola o llamándola: “huesuda, calaca, cadavérica, parlanchina, fúnebre,  macabra, Parca…” en el devenir del arte, la literatura, la filosofía, la religión,…

 

¡No obstante la creatividad de quienes se refieren a ella; nadie puede afirmar o negar que es cierta la apariencia y apariencias que le han adjudicado!,  porque nadie la ha visto.

 

La muerte puede ser un ente agradable, fino, elegante,  apacible  o tal vez violento, detestable, hermoso, feo,…

 

De ese ámbito enigmático e intangible que la o lo rodea, válgase decir: “la o lo” porque no se conocen referencias de su  género, no se sabe si éste es masculino, o femenino, apenas si logramos avizoras que en el destino de los mortales está él o ella como algo ineludible, algo que tarde o temprano arribará a manera de pausa, tránsito o final terrenal.

 

Y he aquí que, en cuanto a su manera de proceder, les asiste la razón a quienes afirman que “La Muerte es democrática, porque  a  fin de cuentas, sea: güera, morena, rica o pobre, la gente acaba siendo calavera”.

En tu rostro iluminado

la vida rejuvenece,

noche de oro en la mirada

para los que aman la muerte.

 Referencia ancestral en torno a La Muerte

De La Muerte, ser enigmáticos que cabalga a la par de los seres vivientes, vale la pena mencionar que a través de la historia de la humanidad, han existido formas y modos diversos de idealizarla y conceptualizarla: los aztecas la denominaban Mictlantecutli, y el pueblo maya la invocaba con el nombre de Yum Kimil, Limin.


Mictlantecutli, “El señor del inframundo”.
Mictlantecutli, poderoso dios de los aztecas vinculado a Mitlan lugar oscuro y silencioso donde moraban las almas de los muertos en el centro de la tierra,  esposo de la diosa de la Muerte “Mictecacihuatl”.

 

Para los que aman la vida

es noche de desconcierto,

la cera besa las flores

y la llama el sentimiento.

 

Festividad dedicada a los Muertos

El poder o influencia de La Muerte se deja sentir y actuar en la mayoría de quienes pueblan La Tierra, mas no se alude o rememora en todos ellos como es costumbre hacerlo en México.

La festividad a los muertos se caracteriza por luto y alegría, tragedia y diversión, sentimientos del mexicano que tiene miedo a morir, pero, a diferencia de otros pueblos, éstos los refleja burlándose jugando y conviviendo con la muerte lo que ha dado lugar a diversas manifestaciones de arte, sin freno a la imaginación.

 

 

Muestra de ello es La Catrina de José Guadalupe Posada de quien se dice, a manera de “calavera”, en refiriéndose a los difuntos: Nuestros queridos difuntos/ ya del Mictlán regresaron/ con altar muy adornados/ buen pachangón se encontraron/ y todos de puro gusto/ con la catrina bailaron.

La Catrina de Guadalupe Posada

 

Las Calaveras de Guadalupe Posada

Son en la mayoría de los casos asociadas con el Día de los Muertos, ya que interpretó la vida y las actitudes sociales del pueblo mexicano, representados en sus grabados con calaveras vestidas de gala, calaveras en fiesta de barrios, en calles citadinas, en las casas de los ricos. Dibujó calaveras montadas a caballos, en bicicletas, con las que señalaba las lacras, la miseria y los errores políticos del país. Es el caso original de La Catrina, GRABADO que representa una burla a la clase alta del Porfiriato.

 

Come y bebe

que la vida es breve. 

Anónimo

 

La ofrenda

 

Ofrenda (huentli) dedicada a los muertos

Murales de Tixtla de Guerrero

Tradición muy asentada en el pueblo mexicano; proviene de tiempos prehispánicos. Los aztecas, mayas, purépechas, nahuas… la realizaban en centros ceremoniales a través de rituales que invocaban y enaltecían la muerte y el renacer de la humanidad. Según las creencias de nuestros ancestros, cuando una persona moría, el alma de ésta, iba a vivir en el ámbito denominado Mictlán.

Actualmente, el “día de Muertos” se considera un hecho resultado del sincretismo o conciliación que se da entre las creencias emanadas de nuestras raíces ancestrales y la creencia religiosa impuesta por la evangelización española.

 

La vida de los muertos perdura

en la memoria de los vivos. 

Marco Tulio Cicerón

 

Altar erigido a los muertos

La fiesta del día de muertos se celebra del 31 de octubre al 2 de noviembre.

 

El 31 de octubre a las 12:00 horas se recibe a los muertos pequeños, niños que no tuvieron la oportunidad de llegar a la adultez, y se les despide a las 12 horas del día 1 de noviembre. Despedida y bienvenida son exaltadas con el incendio de cohetes que esparcen su sonido en el espacio etéreo.

Los muertos grandes llegan a las 12 horas del 1 de noviembre y estarán hasta las 12:00 hrs del siguiente día.

 

La muerte no es más

que un cambio de visión

León Tolstoi

 

 Simbología mortuoria

 

En las ofrendas y altares actuales en donde afloran: creencias religiosidad, apego familiar y espiritualidad de sus ejecutantes, destacan cuatro elementos,  a semejanza de los imperantes en nuestro ancestros, pero con un significado diversificado:

 

 

Tierra, representada por frutos que consumían en vida los ahora difuntos: mandarinas, jícamas, naranjas, nísperos, calabaza preparada con panocha, guayabas, chayotes, entre otras. Se supone que las ánimas de los fallecidos sólo disfrutarán el aroma.

Agua, agua bendita colocada en vasos o recipientes para que las ánimas encuentren frescura después de recorrer el trayecto hasta llegar al lugar en donde familiares y amigos los reciben, metafóricamente hablando.

Viento, es representado por algo en movimiento: flores, angelitos hachos de amasijo u otros adornos de papel colgando, movidos por el viento.

Fuego, presente en los pabilos encendidos de las velas. Se coloca  una por cada difunto recordado, y una más por si a éstos los acompaña alguna alma olvidada por sus dolientes. Las velas son colocadas en el piso o en pequeños candelabros de barro.

 

Tradicionalmente los altares están empotrados en dos dimensiones: La primera se representa con un arco hecho por dos cañas que simboliza la extensión celeste del cual cuelgan piezas de pan, que semejan ángeles, impregnadas de azúcar con matices rojos, verdes, amarillos…

 

La segunda lo constituye el altar que simboliza el lugar en donde vivió el ahora difunto. En este nivel se colocan los alimentos que en vida le agradaba degustar: pan de muerto (tortas y bollos blancos con huevo, hojaldres, cemitas de panocha con requesón, angelitos y animalitos con azúcar blancos y de color), leche con calabaza; en algunas ofrendas colocan copas o trozos de carrizo con mezcal, cigarros, mole verde, tamales tololoches (cuyo amasijo representan al difunto) envueltos con hojas de milpa (que semejan el ataúd), mole colorado de guajolote o de pollo (se cree que  este guiso es a manera de evocación: el mole, la sangre, y la carne, lo sólido del cuerpo).

La comida se sirve en cazuelas de barro situadas junto a frutas, panes y vasos con agua. Se coloca también. La ofrenda, presidida por la imagen de las ánimas, Santa Elena y/o un Cristo, es adornada con flores naturales.

Al llegar las ánimas de los difuntos, éstas son inducidas a caminar por un camino delineado con pétalos de flores de cempaxochil (tapayola) que inicia en la calle y culmina frente al altar.

Quienes esperan a las ánimas encienden velas y pebeteros para guiarlos.

La ofrenda en el contexto ritual pagano-religioso dedicado a los muertos, tiene como propósito fundamental materializar los elementos y apetencias de los difuntos. Las dimensiones y contenidos de las ofrendas a los muertos no dependen de la capacidad adquisitiva de los deudos, sino de la voluntad y devoción que poseen los deudos.

 

Matrimonio y mortaja,

del cielo baja.

Anónimo

 

Ofrenda en los cementerios

 

 

En esta fecha los familiares de los fallecidos se dan cita en el camposanto para arreglar la tumba en la que reposan los restos de sus seres queridos.

En un afán de enaltecer querencias, los deudos depositan: agua bendita, sahumerios, cadenas de tapayola y ofrendas florales al tiempo que oran, atraen recuerdos y en ocasiones se hacen acompañar de músicos que entonan melodías cuya letra fue afín a las emociones del fallecido. Predomina una visión generalizada: algunas tumbas son visitadas y ornamentadas frecuentemente, las más de ellas sólo tienen este beneficio en los días dedicados a los muertos, y también las hay que permanecen indefinidamente abandonadas.

 

Así como una jornada bien empleada

produce un dulce sueño,

así una vida bien usada

causa una dulce muerte. 

Leonardo da Vince

 

A manera de colofón:

Es una fiesta del pueblo mexicano en la que impera la alegría entreverada con la solemnidad. Los vivientes tienen júbilo porque convivirán o tal vez debería decirse “conmorirán” con los muertos, pero no obstante que hay en esta conmemoración un derroche de júbilo porque una vez al año se tiene este encuentro con quienes han dejado esta vida, hay en este momento muestras de respeto por ser un hecho en el que predomina una amalgama de fe, religiosidad y añoranza vinculada con el enigma que de sí inspira “el más allá”.

Huentli, Murales de Tixtla de Guerrero, México