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LIBRO:

LOS MURALES DE TIXTLA DE GUERRERO

 Autor: Joaquín Mier Peralta

 

 Comenta: Margarito López Ramírez.

 Noviembre 24 de 2012

 

 En un momento de su vida, Don José Saramago, ciudadano universal, escritor, poeta, novelista originario de Portugal, y premio Nobel de literatura, afirmó:

… un libro es casi un objeto. Porque si es verdad que es algo voluminoso, que se puede tocar, abrir, cerrar, colocar en un estante, mirar e incluso oler, también es verdad que un libro es más que eso, porque dentro lleva, nada más y nada menos, la persona que es el autor…

Hoy, amén de los afectos que nos unen con el Licenciado Joaquín Mier Peralta, nos reúne, nos acoge y atrae su obra denominada LOS MURALES DE TIXTLA DE GUERRERO. El sólo hecho de pensar que existe este compendio ilustrado, genera interrogantes; tenerlo y palparlo, emociona; enterarse de su portada y contraportada, ilumina;  entreabrirlo con proceder de quien sabe qué es y cómo debe tratarse a un libro, es motivo de regocijo; y entonces el pensamientos, comulga con lo expresado por Jorge Luis Borges: el libro es una de las posibilidades de felicidad que tenemos los hombres. Añadiré: “que también tienen las mujeres.”

 En este libro, se avizoran dos momentos que  a la par enriquecen el conocimiento y fortalecen el espíritu del lector:

El primero, conduce, lleva a conocer, a disfrutar, a deleitarse con evidencias que dan fe de  testimonios histórico – culturales. Tomado de quien prologa esta obra; parafraseando a don Maximino Agatón Hernández, es de buen decir que las gráficas, que sus pasajes pictóricos, inician en el ancestral y poético significado de “Teoxtitlán”; que después lucen majestuosas e impresionantes facetas que van de la fantasía a los hechos; de la tranquilidad y adoración a la naturaleza a los sangrientos pasos de la conquista española.

 

Y que, cautivado el interés de quien disfruta el aroma de la tinta y el papel fundidos en las páginas, induce a seguir escudriñando por vericuetos patrios que muestran facetas de la lucha por la independencia y demás movimientos libertarios en los que descollaron, entre otros, Vicente Ramón Guerrero Saldaña, Antonia Nava de Catalán, Ignacio Manuel Altamirano, Vicente Jiménez Bello…

 

 

 

En la  culminación, en lo que se da en llamar quinta parte, a manera de reconocimiento y gratitud a la pléyade de hombres y mujeres que han contribuido a delinear el perfil  social y cultural de la población de Tixtla de Guerrero y sus alrededores, el pincel diestro y artístico de don Jaime Antonio Gómez del Payán configuró escenas en las que resaltan  tradiciones y costumbres tixtlecas,

 

 

Quedando, para la posteridad, plasmadas las figuras de cronistas, escritores, cantautores, el conjunto musical denominado Los Azahuaxtles, marcando el acompasado zapateado de doña Chagüita Ramírez, don Esperanza vega y demás bailadores de tarima; se muestra el tradicional

 

 

 

 

 

 

Encuentro mayordomal con La Pajarilla, personaje pueblerino contoneándose entre huezquistles, mojigangas y demás bailadores;

 

 

 

 

 

 

Descuellan el huentli mortuorio, don Isauro Blanco en condición de Viejo ranero,

 

 

 

 

 

 

Albino López Nava y el señor Valadez cargando el chitautli que se arrojará al Pozo de Oxtotenpan,

 

 

 

 

 

 

 

Y queda del ayer, la casi extinta procesión de yuntas. Sin faltar ofrendas a los muertos, el baile del calabaceado, y la alegoría hecha al tradicional Porrazo de tigres.

El segundo instante, conlleva a conocer y sopesar formas y contenido de las dimensiones y características del pensar, decir y hacer de su autor. Porque, más allá de constituir un merecido “homenaje a don Jaime Gómez de Payán”. Más allá de ser la crónica de un hecho trascendental que atrajo voluntades, participaciones y suma de esfuerzos, el libro aludido es la revelación de quien vuelca sus emociones, querencias, anhelos, pasiones, amores, y, en cierto momento, sus desavenencias que constituyen parte de su andamiaje humano. En razón de ello, quepa citar lo elemental para dar sustento a este aserto:

 

 

 

 

Don Joaquín Mier Peralta cautiva al lector cuando con sencillez, casi  a manera de susurro, confiesa: le hablé tanto –en refiriéndose a Don Jaime Gómez del Payan- de las bellezas de mi tierra natal,  su historia, clima, gastronomía, gente hospitalaria y buena, que no dudó en aceptar entusiasmado la invitación que le hice para visitar Tixtla; comparte su regocijo cuando manifiesta:  Gómez del Payán quedó prendado de mi añorado terruño y su hábil pincel tuvo, por mucho tiempo, infinidad de temas a desarrollar en el lienzo de su sufrido caballete. Don Joaquín, ilustra al confirmar que, Soñar, es el primer paso para lograr algo importante; muestra su calidad humana al decir que Los Murales de Tixtla no fue labor de una persona, sino fruto de un gran esfuerzo compartido, coordinado con éxito por la Asociación Nacional de Tixtlecos y Amigos, A.C. a partir de su reestructuración acontecida en el año de 1984, y que hubo un grupo de colaboradores entre los que destacan: Rosa Ma. Franco Catalán, Rogelio Galán Hernández, Manuel Hernández Marbán, Juan Zagal Mena, José Jorge Soria Murillo y Lorenzo Ursúa Rodríguez. El Licenciado Mier Peralta, quien predica con el ejemplo, externa su anhelo de tixtleco que ama su terruño cuando dice: Los  Murales de Tixtla de Guerrero, deben ser  conocidos y emulados por los tixtlecos, principalmente por la juventud a quien corresponde mantener levantada la bandera del trabajo social que no paga en moneda ni en especie, pero que sí gratifica mucho el corazón y tranquiliza enormemente la conciencia

Don Joaquín Mier, hombre de prosapia excepcional, con delineado y emocionado acento plasma su afán primero al decir: he escrito estas páginas, para rendir un justo homenaje post mortem -dejando fiel testimonio de reconocimiento y gratitud- a la labor altruista del maestro Gómez del Payán, quien con desprendimiento, cariño y pasión por nuestra tierra, pintó en unión de colaboradores entusiastas los paneles que adornan con decoro nuestro histórico Palacio Municipal que hablan de los acontecimientos sociales más importantes de nuestro país, de los hombres y mujeres que lucharon por nuestra independencia, y de las tradiciones y costumbres de nuestro pueblo.  Culmina su aspiración atrayendo la sentencia que al texto dice: No es bien nacido quien no es agradecido.

De ahí que “Los Murales de Tixtla de Guerrero”, joya preciosa burilada  con esmero hasta arribar al umbral de la realización, testimonio escrito con diligencia y pulcritud por el Licenciado Mier Peralta, sea  suma de conocimientos que se constituye en abecedario y  parte importante del engranaje histórico cultural del ayer, presente y futuro de este bello rincón suriano;“Los Murales de Tixtla de Guerrero,” es un hermoso libro que, amén de acogerse en los hogares y los espacios áulicos, debe transitar y difundirse allende las fronteras del suelo nacional incorporándose al conocimiento universal abierto a la humanidad.

Este libro, por mucho tiempo esperado, amén de testimoniar la obra muralista de don Jaime Antonio Gómez del Payán, y revelar el altruismo conjuntado de hombres y mujeres que aman a Tixtla, revela el pensar, decir y hacer de su autor: don Joaquín Mier Peralta, hombre ejemplar, noble, probo y generoso que ama a su patria chica, como ama a México; tixtleco excepcional que exalta sus raíces, que gusta de su gente, sus costumbre y tradiciones.

¡ENHORABUENA!