abril 26

 

 

 

ESCUELA NORMAL RURAL “RAÚL ISIDRO BURGOS” DE AYOTZINAPA

 

Por Margarito López Ramírez

 

Cuando han transcurrido los años y en la vida del docente se   conjuntan ayeres vinculados a la Normal Rural de Ayotzinapa, denominada “Escuela Rural Conrado abundes” en sus inicios acaecidos en 1926 bajo la conducción del Ing. Rodolfo A. Bonilla en Tixtla de Guerrero, se experimentan  interrogantes que cimbran la mente de sus egresados: ¿Qué guarda ese santuario dedicado al saber y el aprendizaje?, ¿qué es en esencia su egregia imagen como formadora de maestros rurales?… Algunas respuestas encuentran sustento en la canción “AYOTZINAPA” de Aníbal R. Castro cuando dice:

Que mi canto llegue ya/ hasta el último rincón/ de esta tierra/ que está llena de ilusión/ La nostalgia llega a mí/ me dan ganas de llorar/ porque tú en mi corazón/ siempre, siempre estarás/. Tienes un jardín de juventud/ que cultivas con mucho fervor/ Aprenden de ti toda tu virtud/ Tienes que luchar por ser mejor Ayotzinapa, eres luz de un sol radiante/ y esperanza de un hogar/ Nunca hacen falta cantos de aves/ que no duermen, unas llegan, otras van/ Ayotzinapa, eres tú gran colorido/ de belleza y tradición/ Ayotzinapa, siempre tan sonriente/ pero sabes del dolor./ Hoy por siempre tú serás/ la maestra del saber/ porque encierras/ tantas cosas que aprender/ Cantando quiero seguir/ Mejor cantando me voy/ Se despide de ti/ este humilde trovador,…

Composición poética inspirada en la personalidad del maestro Raúl Isidro Burgos Alanís, hombre probo, inteligente, culto y sensible a los movimientos sociales emanados de la Revolución Mexicana quien, como lo afirma don Aquiles Nava Hernández que fue destacado alumno, maestro y director de esta emérita institución, a partir del año de 1930 le imprimió mística y apostolado magisteriales haciéndola florecer en el nuevo asiento dado a ella en la ex hacienda de Ayotzinapa situada en el suroeste del valle que cobija a la población tixtleca.

Consciente de que se necesitaba un maestro identificado con la población más pobre y apartada de la civilización, el maestro Raúl Isidro Burgos se dio a la tarea de cautivar y hermanar conciencias para hacer del ejercicio docente una misión; se propuso fraguar profesores rurales identificados con las clases más desprotegidas que combinaran el trabajo áulico con las labores del campo y el trabajo social y cultural en la población a la cual fuesen asignados. Idealizó un maestro que no olvidara ni se avergonzara de sus orígenes vinculados al campo y quienes lo cultivaban, un ente que en ocasiones no sólo fuese el profesor de los niños y adultos sino también gestor, consejero, médico, escribano, músico, inductor de ocupaciones y artes, y en ocasiones, pedidor de casamenteras y arreglador de entuertos familiares. No se limitó a instruir y enseñar a enseñar, su visión y misión fueron más allá de la formación académica.

Bajo el timonel de su gestión como director, el muchacho o la muchacha procedentes de hogares campesinos fueron inducidos a aprender haciendo, a perfeccionar sus prácticas en el cultivo de la tierra, a apropiarse de oficios y ocupaciones. No sólo se les estimuló a tener amor a la docencia y se les ayudó a incrementar su apego a la tierra que da sustento, se les propició un despertar cultural y se les dieron herramientas para que fueran profesores activos, inductores, pensantes, constructivos…

Quienes conformamos la generación que egresó en el año 1963, no convivimos en la comunidad estudiantil de los años l930-1935 período en el cual el maestro Raúl Isidro Burgos fue constructor y director de esa escuela normal, pero hasta nosotros llegó la pasión de su ejercicio magisterial. Nuestros pies hollaron surcos y nuestras manos palparon la tierra para cultivar simientes; se nos instruyó en la cría de ganado y el aprovechamiento de materias primas, nos equipararon con el abecedario y la forma de cómo llevarlo a los rincones más apartados de la topografía nacional, nos enseñaron a palpar las manos de los humildes sin sentir repugnancia, nos indujeron a ser de por vida, no sólo de moda generacional, profesores vinculados con los anhelos y las luchas sociales del pueblo a quien nos debemos. Y algo muy importante, en la escuela Normal de Ayotzinapa se nos enseñó a respetar a nuestros maestros porque con ello se pretendía que fuésemos reflejo de la manera de comportarse y poseedores de un bagaje académico y cultural similar al de nuestros mentores. Se nos indujo a ir en pos de nuestros anhelos sin vender nuestra conciencia.

Por eso en el Cincuenta Aniversario de haber egresado de esa magna institución educativa, aunque con muchos años sobre nuestras espaldas y canas en las sienes, guardamos la imagen del maestro Raúl Isidro Burgos, la de los directores, profesores y demás trabajadores de la Normal de Ayotzinapa, sin olvidar que en la escuela rural asentada en los rincones más apartados del suelo nacional, se necesitan maestros dotados de un andamiaje que les permita llegar más allá del espacio áulico, mujeres y hombres que se involucren en los problemas de la comunidad, docentes que, además de poseer y manejar técnicas y conocimiento académicos, sean poseedores de un bagaje cultural al servicio de la población.

En resumen: el suelo patrio demanda maestros conscientes de su misión, sabedores de que nadie da lo que no tiene ni puede enseñar lo que no ha aprendido. He ahí que quienes se forman en la normal de Ayotzinapa deben honrar la memoria del Maestro Raúl Isidro Burgos y enaltecer su imagen de apóstol de la docencia a través del estudio diario que los apropie de herramientas necesaria para ser docentes que a semejanza de lo que fue el maestro rural de antaño, impulse la escuela de las comunidades más apartadas del solar nacional, haciendo de ésta, parafraseando la descripción expresada en torno a la escuela rural de antaño: “la casa del pueblo, lugar de reunión de la comunidad en donde abreven los anhelos de los desposeídos, dínamo que impulse los esfuerzos para resolver problemas ancestrales…

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La normal Rural “Raúl Isidro Burgos” ha producido una pléyade de maestros que han llevado su mensaje de enseñanza a diversos lugares de la República Mexicana; ha formado y brindado la oportunidad a quienes han decidido servir dentro y fuera de los espacios áulicos destinados a la docencia; es fuente de saber en donde han abrevado algunas mentes jóvenes que a la postre han destacado en la labor educativa y/o como luchadores sociales. Es la Normal de Ayotzinapa la instancia educativa que por más de 80 años ha formado y sigue produciendo docentes inmersos en el proceso enseñanza-aprendizaje   destinado  a los niños que habitan las zonas marginadas del suelo nacional.

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Busto que muestra la imagen del maestro Raúl Isisdro Burgos, hombre probo, inteligente, culto, sensible a los movimientos sociales emanados de La Revolución Mexicana quien a partir del año de 1930 le imprimió mística y apostolado magisteriales haciéndola florecer en el nuevo asiento dado a ella en la ex hacienda de Ayotzinapa situada  en el suroeste del valle que cobija a la ciudad de Tixtla de Guerrero, México…

 

 

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Antiguas edificaciones. Y Al fondo,  franja de tierra que los alumnos cultivaban…

 

 

 

 

La Normal “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Gro.  ha generado una pléyade de maestros que han llevado su mensaje de enseñanza a diversos lugares de la República Mexicana; ha formado y brindado la oportunidad a quienes han decidido servir dentro y fuera de los espacios áulicos destinados a la docencia; es fuente de saber en donde han abrevado algunas mentes jóvenes que a la postre han destacado en la labor educativa y/o como luchadores sociales. Es la Normal de Ayotzinapa la instancia educativa que por más de 80 años ha formado y sigue produciendo docentes inmersos en el proceso enseñanza-aprendizaje   destinado  a los niños que habitan las zonas marginadas del suelo nacional.

 

 

 

A muchos años de distancia, se valora la labor de los maestros, trabajadores del campo, el personal encargadas de las áreas que daban sustento a la comunidad,  y de quienes fueron directores que , por mucho tiempo, garantizaron la formación profesional y el rumbo destinados a los egresados de las escuelas normales rurales.