agosto 29

 

 

 

 

 

 

Diseño: Mtra. María del Carmen Vergara Aburto

Edición, 2019

Derechos reservados del autor

Impreso y hecho en México

 

 

 

TIXTLA DE GUERRERO,

GRO., MEXICO

Cuna del insigne Gral. Vicente Ramón Guerrero Saldaña,

Consumador de la Independencia de México.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bella e histórica ciudad de Tixtla de Guerrero: Admiro tus mujeres, hembras hacendosas de significativo hacer que anclan y delinean el núcleo familiar; valoro la presencia y hacer de tus hombres que forjan el destino de la estirpe que acoges; aprecio la  inquietud y el vigor de tus jóvenes que son germen que florece; amo, con sentimiento paternal, tu niñez, simiente que alienta y asegura el porvenir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Me atrae tu Encuentro de la Cera impregnado de misticismo que se muestra en doce velas como doce son los apóstoles, doce los meses del año.

 

 

 

 

 

 

 

Me causan regocijo tus Encuentros Mayordomales en los que se vuelcan devociones y algarabías  pueblerinas inmersas en resonancias musicales, danzas, bailes típicos y el andar chusco de mojigangas y huesquixtles. Me embelesan tus vísperas santorales auspiciada por gente que lleva flores, arcos revestidos de alegorías y cohetes como ofrenda al santo patrono del  barrio engalanado; me entusiasma el bullicio musical propiciado por bandas musicales y El Chile Frito que marcan el acompasado bailoteo de mujeres y hombres que cargan en brazos o “le sacan vuelta” al tradicional torito de madera, ícono representativo de San Lucas Evangelista. Me prendan el decir y el hacer de tu gente fervorosa que acude y orna fachadas de iglesias y capillas para glorificar las conmemoraciones religiosas que dan razón de tu identidad espiritual; me cautiva la existencia de tus vetustos pero portentosos ahuehuetes erguidos en la antesala del Santuario que resguarda la imagen de La Virgen de la Natividad; me encantan tus fiestas cívicas y jolgorios pueblerinos en la amplitud de tus plazas que resguardan vestigios de haberes patrios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Disfruto el sonar de tu teponaxtli que alerta y convoca

Gozo la musicalidad de la flauta y el tamborcillo que anuncia y bosqueja tu tradicional porrazo de tigres llevado al cabo en tus plazuelas; aprecio el hacer de tus cantores, bailadores y compositores de sones de tarima que prestigian tu presencia; regocijo mi ser en la tradicional quema de tus toritos, castillos, cohetones y luces de Bengala que irradian luminosidad en la amplitud de la bóveda celeste que te resguarda en noches impregnadas de luces titilantes,  brillantes…

Me encantan tus Mañanitas guerrerenses entonadas frente a balcones y puertas de viviendas habitadas por quienes cumplen un año más de vida; me cautivan: letra y música de tus tradicionales papaquis dedicados a tu gente agasajada; me fascinan tus bullas ya por aniversarios ya por ochavarios o mero gusto para ahuyentar tristezas, melancolías, sinsabores…; me deleitan tus comilonas impregnadas de olores y sabores en la que se consume el típico pozole blanco condimentado con limón, orégano, chile verde, lima agria, cebolla morada. Me encanta el sabor de  tu mezcal, “néctar de dioses,” extraído a través de un ritual artesanal que involucra a tu gente: ya en el cultivo de magueyeras que pueblan tus parajes, ya en hornos subterráneos que acogen y cuecen cabezas de maguey labrado ya en la elaboración de amasijos hechos a golpe de mazo ya en fermentos que reposan en barricas de madera, o en la destilación minuciosa realizada en alambiques animados por fuegos que exhalan olores de resinas y leños de encinos.

Revitalizo mi existir en el decir y hacer de quienes, a la vieja usanza, participan en la velación de la novia, el enlace matrimonial y la tornaboda efectuados en algunas bodas realizadas en el barrio del Santuario, asiento poblacional poseedor de tradiciones y costumbre genuinas; gozo el baile del Calabaceado en tus fiestas familiares y la suntuosidad habida en la entrega de trastos que se ofrendan a los recién casados. Reverencio misticismo y fe manifestados por gente devota que se involucra en pedimento de lluvias o agradecimiento  a  sus  dioses  ofrendandofrutas, flores, alimentos depositados en Chitatlis ya en El Cerro de Pacho ya en el pozo de Ostotempan ya en Conecintla o en Xomislo, parajes investidos de cruces y/o reminiscencias prehispánicas que muestran orígenes de tu estirpe.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Encuentro regocijo en tus actos ceremoniales impregnados de misticismo, misterio y matices de tu ayer que habla de tus raíces.

Disfruto la visión de tus arcos, impregnados de flores y alegorías mortuorias  colocados  a  lo  largo   de  la Calle de la Igualdad, y el jolgorio que se realiza El Día de Muertos en las inmediaciones de tu cementerio resguardado por la arcada que muestra la sentencia: “Aquí terminan las ambiciones humanas.» Mi espíritu es cautivo de la policromía y simbolismo habidos en el Huentli, ofrenda material y espiritual  dedicado a Los fieles difuntos ya en los hogares ya en las tumbas o en la explanada de tu plaza principal. Respeto la solemnidad en los aconteceres mortuorios. Y reverencio tus sepulcros que resguardan referencias del ayer y dan razón de crónicas de fe y aconteceres plasmados en lápidas y cruces hechas de granito o árboles que crecen auspiciados por la benevolencia de tu suelo fértil.

 

 

 

 

 

 

 

 

Me extasía la suntuosidad de tu Tianguis impregnado de verdores avizorados en hortalizas y fragancias procedentes de mercadelas, margaritones, sangre de cristo, tapayolas, perritos, nube, azucenas y más florescencias cultivadas en amelgas que semejan mosaico poseído de matices aposentados en hojas y corolas.

Me deleita la sabrosura de tu cocina excepcional evidente en el fiambre, el pozole   y   tu   mole   verde  con  tamales tololoches; me atraen las delicias que provienen de tu tradicional elopozole, pozole de camagua, huacaztoro, birria o chito, chalupitas, tacos dorados y tostadas;  me embelesa la ricura de tu atole blanco acompañados de torrejas, calabaza, pachayota, tejocotes y cáscara de naranja endulzados con piloncillo; me fascina consumir tu pan de horno, empanadas y cacahuazintles que realzan la sabrosura de nieves artesanales de leche y demás sabores; me encanta beber tu aromático chocolate acompañado de semitas, hojaldres, conchas, marquesotes,…

Admiro tu arcilla transformada por las manos hábiles de tus artesanos aposentados en el barrio del Fortín, lugar de  alfareros;  gozo el  delineado  en veces caprichoso de tus calles que orientan el transitar de los viandantes en jolgorios o pesares.

Disfruto recordar nombres y características de tus barrios típicos: Cantarranas, Santuario, Santiago, San Lucas, San José, San Agustín y Tlatelulco; reverencio la solemnidad que inspiran tus iglesias, capillas y ermitas impregnadas de plegarias y expresiones rogativas provenientes de personas oriundas y peregrinos que arriban fervorosos a tus ferias religiosas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Abrevo en el contenido histórico y cultural de tus Murales, obra pictórica excepcional auspiciada por la Asociación Nacional de tixtlecos y Amigos, plasmados por Jaime Antonio Gómez del Payán en la casona que  alberga el Ayuntamiento Municipal.

Sacio mi curiosidad en tus monumentos, edificios y plazuelas que son muestrarios del hacer significativo de tus hombres y mujeres que se han involucrado en afanes emancipadores; y distraigo mis pensamientos en la charrerías  y jugada de sementales vacunos realizados por hombres de a caballo, toreadores y montadores que muestran arrojo en tu corral de toros.

Me alienta la labor conjunta de tus docentes, alumnos y padres de familias realizada en tus templos del saber; me fortalecen los momentos vividos en tus prestigiadas instituciones educativas; me vigorizan las palabras y el hacer de tus maestros; me prenda la excelsitud que irradia la escuela normal “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa proveniente de su otrora imagen de Alma Mater forjadora de profesores rurales que sembraron la luz del saber en la mentes de niños, jóvenes y adultos habitantes de comunidades rezagadas.

Sacio mi sed de saber en el decir y hacer de tu gente; hallo fortaleza y rumbo en el haber de tus poetas y escritores que externan odas  a hombres  y  mujeres  que dedicaron sus afanes y sacrificio al servicio de movimientos libertarios destinados a lograr un México sin ataduras.

 

 

 

 

 

 

 

Deleito mi ser en la espectacular ejecución de tus Sones de tarima y La Danza de los Manueles.

Encuentro esparcimiento en tus noches poseídas de plenilunios reflejados en tu laguna; gozo la tibieza de tus aguas aposentadas  en Teoixtla lugar  de legendarias leyendas; aprecio la diversidad habida en tu paisaje ya en la extensión del Valle Tistlan que te da cobijo, ya en la grandiosidad avizorado en tu volcán inactivo llamado  Chomixlo,  en la extensión de la Loma larga, en la majestuosidad del Cerro Pacho, y en los parajes de Mechazingo, Amatitlán, Chaltepetla, Cacaxcotla, Cuamanco, Coyopula,… Hallo recuerdos de mi niñez y juventud en la extensión de tu laguna, La Poza del Tigre, las hondonadas habidas en los arroyos que drenan cerros y lomeríos; descubro vestigios de mi ayer en El Resumidero, La cueva del Viejo Ranero, la barranca de Chompito y Los Tepolsis; encuentro sosiego en la ermita que resguarda la imagen de San Antonio en el cerro de Texcalzin, y la capilla erigida a la Virgen de Guadalupe en las inmediaciones de El Huamuchilito.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Disfruto la narrativa en voz de la gente de antaño que habla del Viejo Ranero, Las Zihuatatayotas, El Burro sin Cabeza, La mujer de blanco, El diablo y el Zahorín, La Gallina con pollos; descubro raigambre en la forma y el decir de seres míticos y Personajes Pueblerinos que, junto con otras expresiones, conforman el andamiajes literario que prestigia y muestra matices de tu haber cultural.

Y de tu ayer no muy lejano, ahí, aposentados en el baúl de recuerdos, encuentro vestigios de los juegos infantiles en los que se involucraban niños que se columpiaban de las ramas de un árbol, saltaban la reata, retozaban sobre el caballo trazado en planicies de tus callejuelas, jugaban canicas en las delimitaciones de romboides o círculos dibujados en tu suelo terroso; hallo minucias del trajín de tu gente pequeña fascinada en el  juego de rondas, los quemados, las agarradas, los encantados; extraigo, de entre otros hechos acontecidos en las inmediaciones de tu caserío, travesuras de tus adolescentes y jóvenes participando en vuelos de papalotes, montando becerros, asaltando huertos, refrescando sus cuerpos en pozas y charcos o en aventuradas caminatas por el rumbo de Las piedras Altas, La Ciénaga, Loma de muertos, Santa Rosa, Amatitlán, Mechazingo, Los Amates, Temixco, Cacazcotla, Coyopula.  Saco a relucir de entre tus ayeres adormilados, actuaciones de tu comunidad estudiantil participativa en desfiles patrios, encuentros deportivos y bullicios que exaltan tu presencia; descubro el decir y hacer de tus hombres y mujeres que paso a paso han trazado y construido tu grandeza que enorgullece a propias y extraños; hallo en tus devenires, reminiscencias de tus avenidas y callejones otrora llamados: del Pujido, Calle ancha, de los Huesos, del empedrado, la Estación, la Alberca, la Copil, la Alameda, las Cuevitas, del Brinco,…   En  mi  búsqueda ocasional que me emociona y fortalece, topo con aconteceres significativos para quienes participaban en paseos familiares realizados a las orillas de tus arroyos Xaltipan, Cocuilpan, Coxtlapa, La Rezumbadora, o en las cercanías de tus presas impregnadas de aguas cristalinas; desentierro la utilidad de tu extinto Corral de consejo que era trasmontado por la vacada que en el mes de noviembre de cada año  era trasladada a los parajes que contenían rastrojo de sembradíos y hierbas comestibles expuestos en parajes que te circundaban sin cerco alguno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el cofre que resguarda ayeres, rememoro tu porrazo de tigres que aún es característico de tus  ferias santorales desarrolladas en plazuelas.

 Evoco el palo encebado, la mujer araña, el juego de la bolita, la voz altisonante del hombre que anunciaba las cartas de su lotería: “corre y va, cuadro grande o chico, y línea como salga: la cobija de los pobres, el sol; el que anda con dos cueros, el tambor; el que le cantó a San Pedro, el gallo; el sombrero de los reyes, la corona; el que por la boca muere, el pescado; farol de los enamorados, la luna; don Ferruco en la alameda, el catrín,…”

La algarabía me invade al recordar las melodías de ese ayer que se añora y  testimonia en lo que fue la ejecución de instrumentos de antaño en tus orquestas de renombre: Los Abraján, Los Dircio, El Maestro Silvestre Vega, La familia González,… y luego de éstas, El Chile Frito, La Música del cielo de don Ligo y compañía. Me emociona evocar la musicalidad  proveniente  de lo que se dio en llamar Kalúa, Los Piratas del aire, Las paredes Blancas y más conjuntos que amenizaron actos de convivencia impregnados de júbilo y emotividad en los hogares, plazas cívicas y en veces ahí, en el otrora exitoso salón “Cine esperanza.” La añoranza continúa, llega hasta  las noches de serenatas junto al balcón de la novia o la venerada mujer que inspiraba mis ensueños…

En este ejercicio evocativo que hermana el ayer con el presente, el alma se me impregna de emoción y me incita a repetir una y más veces: ¡amada ciudad de Tixtla de Guerrero, Gro!, terruño querido, cuna del insigne maestro Ignacio Manuel Altamirano y del  Gral. Vicente Ramón Guerrero Saldaña, Consumador de la Independencia de México,  eres acopio de mis afectos, cuna de mis ancestros y resguardo de aconteceres    que   deambulan   en   la amplitud del valle que te acoge como lo más preciado y significado del suelo patrio.

 

*De los Murales de Tixtla de Guerrero. Obra del pintor Jaime Gómez del Payan (ANTA).

**Las Zihuatatayotas, obra pictórica del maestro Lorenzo Urzúa.

 

 

 

 

 

 

 

 

Causa regocijo decir que Tixtla de Guerrero, Gro., México, es una ciudad bonita, alegre y bullanguera; un terruño excepcional con sabor pueblerino en el que casi siempre hay fiesta ya porque se conmemore un acontecimiento cívico-histórico ya porque sea víspera,  festejo u  ochavario de algún santo patrono de barrio o porque se realicen fiestas familiares. Es un lugar en donde propios y extraños, frecuentemente se involucran en bullicios que alientan el alma y ahuyentan tristezas.

 

El  Autor.

 

LIBRO PARA DESCARGAR:  TIXTLA DE GUERRERO, GRO.,  MEXICO (QUERENCIAS)