El DIA DEDICADO A LOS MUERTOS

 

 

*EL DIA DEDICADO A LOS MUERTOS

Más allá de la tristeza y la zozobra que causa la pandemia que flagela a la humanidad, el pueblo mexicano, fiel a sus tradiciones, se involucra en un una festividad. Los vivientes tienen júbilo porque convivirán o tal vez deberíamos decir “conmorirán” con los muertos. En esta conmemoración hay derroche de alegría porque una vez al año se tiene este encuentro con quienes han dejado la vida terrenal, pero hay en ésta, muestras de respeto revestido de una amalgama de fe, religiosidad y añoranza vinculada con el enigma que de sí inspira “el más allá”.
He ahí que haya huentlis, ofrendas en altares recubiertos de: creencias, religiosidad, apego familiar y espiritualidad en los que destacan cuatro elementos que provienen de nuestros ancestros, revestidos de significado diversificado: La tierra, el agua, el viento y el fuego.

La LA TIERRA, representada por frutos que consumían en vida los ahora difuntos: mandarinas, jícamas, naranjas, nísperos, calabaza preparada con panocha, guayabas, chayotes, entre otras. Se supone que las ánimas de los fallecidos sólo disfrutarán el aroma.

El AGUA, comúnmente es agua bendita colocada en vasos o recipientes para que las ánimas encuentren frescura después de recorrer el trayecto hasta llegar al lugar en donde familiares y amigos los reciben, metafóricamente hablando.
El VIENTO, es representado por algo en movimiento: flores, angelitos hachos de amasijo u otros adornos de papel colgando, movidos por el viento.
EL FUEGO, está presente en los pabilos encendidos de las velas. Uno por cada difunto recordado, y una más por si a éstos los acompaña alguna alma olvidada por sus dolientes. Las velas son colocadas en el piso o en pequeños candelabros de barro.

Dimensiones de La Ofrenda: Tradicionalmente los altares están empotrados en dos dimensiones:
La primera se representa con un arco hecho por dos cañas que simboliza la extensión celeste del cual cuelgan piezas de pan, que semejan ángeles, impregnadas de azúcar con matices rojos, verdes, amarillos…
La segunda, lo constituye el altar que simboliza el lugar en donde vivió el ahora difunto. En este nivel se colocan los alimentos que en vida le agradaba degustar: pan de muerto (tortas y bollos blancos con huevo, hojaldres, cemitas de panocha con requesón, angelitos y animalitos con azúcar blancos y de color), leche con calabaza; en algunas ofrendas colocan copas o trozos de carrizo con mezcal, cigarros, mole verde, tamales tololoches (cuyo amasijo representan al difunto) envueltos con hojas de milpa (que semejan el ataúd), mole colorado de guajolote o de pollo (se cree que este guiso es a manera de evocación: el mole, la sangre, y la carne, lo sólido del cuerpo).

Detalles:
· La comida se sirve en cazuelas de barro situadas junto a frutas, panes y vasos con agua.
· En algunas de las veces, la ofrenda, presidida por la imagen de las ánimas, Santa Elena y/o un Cristo, está adornada con flores naturales.
· Al llegar las ánimas de los difuntos, éstas son “inducidas´ a caminar por un camino delineado con pétalos de flores de cempaxochil (tapayola) que inicia en la calle y culmina frente al altar.Quienes esperan a las ánimas encienden velas y pebeteros para guiarlos.

La ofrenda,… El Huentli, en sí, amén de ser una tradición revestida de fe, religiosidad y añoranza vinculada con el enigma que de sí inspira “el más allá”, es un ritual pagano-religioso dedicado a los muertos, que tiene como propósito fundamental materializar los elementos y apetencias de los difuntos.

*Imagen plasmada en LOS MURALES DE TIXTLA, auspiciados por la Asociación de Tixtlacos y Amigos de Tixtla (ANTA)