EL JUGADO

 

 

DOMITILO ORTEGA VILLAGRÁN, amaneció en la mañana de un día sábado, quejándose de un dolor en el cuello, moretones en ambos ojos, la nariz inflamada y los labios desfigurados como si hubiese escarbado el suelo con la boca; vestía camisa y pantalón descuajaringados; calzaba sólo un zapato; la cabeza le daba vueltas, y su aliento era de quien tiene en el estómago alimentos en proceso de fermentación. Enterado de su aspecto desastroso, fue hasta donde estaba su mujercita, como  llamaba a su esposa cuando estaba en su santo juicio, y, sin rodeo alguno, le preguntó: ¿qué me pasó, mujercita preciosa,… qué me pasó, amorcito?¡Mira cómo estoy!

Engracia Batalla Encarnación, doña Chona, mujer de estirpe mulata, hembra robusta de estatura cercana a los dos metros, contestó secamente: ¡sepa Dios qué te sucedió! Y despuésa la par de empezar a cantar: amorcito corazón, yo tengo tentación de un beso,… semostró afanosa en el entorno de su cocina.

Domitilo, luego de un rato en el que se le vio pensativo, sin preguntar otra vez: “¿qué me pasó, mujercita preciosa?”; buscó su zapato perdido  encontrándolo junto a un bate en las inmediaciones de la puerta que da entrada a su casa; baño su cuerpo con agua fría y lo acicateó con esencias; se colocó unos  lentes obscuros que lo hacían ver cual si estuviera ciego; vistió ropa limpia recién planchada; sujetó un pañuelo en su cuello, y después de ver su perfil reflejado en el espejo, asumió su mejor postura posesionada de aditamentos que le camuflaban magulladuras. Satisfecho con su imagen, quedó pasivo al tiempo que su mente rememoraba cuán grande había  sido el sainete que su mujercita y él habían escenificado en la noche anterior. Bien dice el refrán: no hay borracho que coma lumbre; recordaba lo acontecido, pero se comportaba marrullero para no dar lugar a que su esposa disfrutara su osadía a manera de liberación. Una vez más entro en su cavilar pero al escuchar la voz de doña Engracia, quien lo llamaba en tono meloso: ¡A almorzar, cariño!,… A comeeeeer, preciosura; a comer tu platillo favorito, ni tardo ni perezoso acudió a la mesa en donde había, además de una cazuela con chilaquiles picantes con olor a epazote fresco salpicados con limón, un tasajo de carne asada, cebolla y queso, un jarro rebosante de atole blanco, y dos pequeños recipientes conteniendo  melcocha y torrejas. Hambriento y atosigado por la sed, le hincó diente a existente, y, como pocas veces lo había hecho en su vida matrimonial, se mostró amable con doña Chona,a quien, luego de agradecerle el apetitoso almuerzo, le narró chistes trillados, y removió hechos que involucraban a ambos. Doña Engracia lo escuchó y hasta se involucró en esa inusual manera de comportarse, pero su mente  cavilaba: “¿qué estará tramando este chaparro del demonio?.. ¡Ahora viene con eso de que no recuerda lo que le pasó!..Pa´ mí, que este borracho del demonio, algo hizo o trama.”

Luego de mucho estar ahí en aparente o real armonía con su hombre quien acostumbraba golpearla por minucias o sin razón alguna, quiso removerle la memoria: gritarle, decirle que no se hiciera el olvidadizo; que recordara sus palabras y comportamiento agresivos; que no se hiciera el tonto comportándose como si no le importaran los golpes que ella le había propinado; quiso desahogar su condición de mujer sufrida, avasallada; pero prefirió sosegarse y seguirle el juego. Como era normal en el decir y hacer de doña Chona cuando su marido se disponía disfrutar de su día sábado, le preguntó: ¿irás a tu acostumbrada reunión de semana con tus amigos; vendrás a comer?, pero quedó de a pieza cuando lo escuchó decir: ¡No!, no iré, Engracita; ésto se acabó. Te lo juro por lo que más quiero en la vida, mis hijos…

 

La cara amoratada, los ojos entrecerrados y labios reventados de Domitilo, propiciaron un borlote de dios padre que trajo ocupados a los habitantes de Praderas del Carmen quienes decían y desdecían, afirmaban y negaban, acusaban y exculpaban:

  • Cuando El Tilo regresaba a su hogar en altas hora de la madrugada, fue aporreado por unos vagos que, luego de arrastrarlo hacia las afueras del pueblo, hicieron con él cuanto más quisieron…
  • Pa´mí que fue jugado por los chaneques y otras alimañas de la noche…
  • Por borracho, manilarga, enamoradizo e infiel, lo zarandearon Las Zihuatayotas en los jagüeyes; ahí en las inmediaciones del pueblo quedó despernancado…
  • El estado desastroso que mostró y sufrió durante muchos días, fue castigo del Señor de los Cielos porque cuando más borracho está le ha da por lanzar maldiciones a Lucifer; gritar y afirmar que es más diablo que el mismo Diablo…
  • Dios proteja y bendiga a Esgracia, su abnegada esposa que lo ha soportado sin quejarse, sin lamentar su suerte de mujer casada; el Señor que todo lo ve, la premie por ser virtuosa, resignada,…

 

Pero la cuestión no quedó ahí en mero incidente. Después de haber transcurrido algunos meses, en los que Domitilo evitó su acostumbrada borrachera  del viernes social, se apartó de sus compinches bebedores conjuntados en la cofradía Los Carnales del Palmar, y juró que jamás tomaría una gota de alcohol porque había recibido un mensaje proveniente de La Divina Providencia, rumores fueron rumores vinieron esparciéndose a manera de decir generalizado:

Domitilo Ortega Villagrán, después de embriagarse y visitar congales de mala muerte en busca de diversión, llegó a su casa, dispuesto a proporcionarle a doña Engracita la acostumbrada golpiza de fin de semana. Pero he aquí que no contaba con que ella, luego de años de silencio en los que guardó los maltratos recibidos, éstos los expuso detalladamente a sus amigas Isidora (doña Chilola) Mendoza Vda. de Gutiérrez y a Emperatriz Dominguillo Vda. de Zamudio, quienes, además de contarle el sufrimiento por el habían pasado o pasaban otras mujeres, la aconsejaron; y ahí que a Domitilo, se le apareció el diablo…

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Desde entonces, sin saber si son gajos de lo acontecido o meras  habladurías de la gente, circulan afirmaciones que dan idea de lo que supuestamente sucedió aquella ocasión cuando doña Chona se rebeló; cuando sacó a flote su sangre de mujer mulata:

  • Cuando lo vio venir resoplando cual si fuera toro furioso. vociferando la sentencia acostumbrada: “te voy a partir el hocico, hija de la ch…”, ella, Engracita, lo esquivó, y le dio un batazo en el cuello, cerca de la oreja izquierda…”
  • El hombre quedó resoplando, sudoroso y descuajaringado en el suelo…
  • Cuando aún lanzaba maldiciones asegurando que la mataría; ella se le encaramó recargándole sus ciento y tantos kilogramos de peso en mitad del cuerpo, y le pegó, hasta cansarse, con sus manos grandes y regordetas…
  • En los últimos momentos de la aporreada que le daba su mujercita, el mal hombre pidió perdón por cada madriza que le había dado a lo largo de veinte años de casados…
  • Bajo los efectos del alcohol consumido, el batazo y los manotazos recibidos,  fue apagando poco a poco sus amenazas; fue sosegándose a la par que lloriqueaba, pedía clemencia y decía que no la golpearía otra vez…
  • Ella, como buena mujer, estuvo junto a su hombre regordete y chaparro de un metro y sesenta centímetros de estatura; permaneció apaciguada, contemplándolo hasta que constató que había quedado sumergido en un sueño profundo…
  • Cuando a Engracita se le bajó el coraje, con cariño casi con ternura, arrastró a su marido y, como Dios le dio a entender, lo subió a la cama en donde lo dejó durmiendo…
  • ¡Engracia es una gran señora!

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En los habitantes de Praderas del Carmen, que todo lo saben y si no lo inventan, hay sosiego; pero no han dejado de pensar que “cada milagro tiene su santo;” no cesan de preguntar aquí, allá; quieren saber quién contó a quién o testificó lo que supuestamente aconteció esa madrugada en la casa de la familia Ortega Batalla. Las mujeres se afanan en eso de “Meter hilo para sacar hebra,” pero las señoras Isidora, Emperatriz y Engracia se muestran herméticas; he ahí que se conformen con lo que parece ser un hecho raro que involucró a Domitilo, a quien se le llama El Jugado por la supuesta existencia de Chaneques y Zihuatatayotas.