Margarito Lopez Escritor guerrerense

Bailes de Tarima y danza de los Manueles

mayo 8

 

 

 

 

LIBRO:

SONES DE TARIMA Y LA DANZA DE LOS MANUELES

(FRAGMENTOS)

 

 

Autores:

Margarito López Ramírez y

Reynaldo Alcaraz Peñaloza

 

 

DEDICATORIA:

A la memoria de

Pedro Esperanza Vega

Anastacio Ramírez Hernández

Juanita Hernández

Pánfilo Ramírez Hernández

 

  

 

 

SONES DE TARIMA

 

Consideraciones:

La danza representa un momento real y hasta mágico vinculado a la cultura e historia de los pueblos; es la ejecución de movimientos y mímica corporales con carácter lúdico, religioso o artístico.

 Partiendo de esta conceptualización, el baile e interpretación de sones de tarima son manifestaciones artísticas, expresiones socioculturales que denotan ser y sentir de quienes crean, cantan, bailan y admiran este género musical que asienta sus raíces en Tixtla de Guerrero.

 Se ha establecido como tradición que ejecutantes y bailadores de sones de tarima estén presentes en los jolgorios del solar tixtleco; sin importar que éstos sean de carácter social, cívico o religioso: ¡la tarima, cantantes y bailadores arman bulla pueblerina!

 

Los autores

 

 

 

  Origen de los sones tixtlecos

 

 

 

 

Los orígenes de los sones de tarima provienen de un ayer distante que involucra el hacer y decir de argentinos, chilenos, peruanos, africanos y mexicanos; la mención de éstos encuentra sustento en breve explicación:

 En Chile y Argentina se crea la zamba, palabra proveniente del vocablo zambo que tiene un significado que da a entender que es caliente (baile caliente).

 En Perú nace la cueca, referente de clueca o, como se dice en lenguaje pueblerino mexicano: culeca. Posiblemente se da este nombre en razón de que ésta se baila a semejanza de los movimientos que ejecuta el gallo que corteja a una gallina: el hombre usa un pañuelo rojo que representa la cresta del animal, sirve para guiar los movimientos de la pareja.

La zamba, menos popular que la cueca, se fusionó con ésta dando lugar a la zamacueca que, como baile típico, floreció en Perú, y fue acogida por los argentinos y chilenos, pero en ambos países se populariza con el nombre chilenas hasta que entre ambos países hay desavenencias y guerras, propiciando que los argentinos la llamen marinas en honor a un barco peruano.

 Se afirma también que navegantes argentinos, chilenos y peruanos trajeron hasta las costas guerrerenses (Acapulco) esta música y baile, y con ellos los vocablos: marinas, chilenas y cueca, quedando en el ánimo de los aldeanos, el de chilenas.

 

Por otra parte, se rumorea que algunos grupos de esclavos africanos liberados o huyentes encontraron refugio en las costas de lo que es actualmente el estado de Guerrero, y que fueron éstos quienes acogieron la chilena imprimiéndole matices de sus rituales, ritmos e instrumentos musicales. Estos grupos afromestizos, asentados en la extensión territorial que hoy se denomina Costa Chica, innovaron la chilena transformándola en lo que hoy se conoce como sones de artesa, llamados así, posiblemente, porque se bailan sobre una artesa.

Y, es obvio que en este proceso se involucre a los mexicanos, porque según versiones transmitidas a través de la tradición oral, las chilenas, más tarde conocidas como sones de artesa, llegaron a Tixtla en el siglo XIX en donde la gente les imprimió peculiaridades propias. Si bien es cierto que en el inicio de esta adopción los tixtlecos las cantaron al estilo de la Costa Chica, también lo es que éstos crearon sus composiciones musicales, adaptando letra y ritmo a la idiosincrasia de los habitantes asentados en el centro del estado; tomaron como propios algunos instrumentos pero incorporaron otros, modificaron el bailoteo, incorporaron el taconeo e introdujeron algunos cambios en la indumentaria de los bailadores; usaron la tarima.

 

¿Cómo llegaron los sones de artesa a Tixtla?

 

Existen antecedentes de que, en tanto que la mayoría de los habitantes de este lugar se dedicaban a la agricultura y ganadería, otros se ocupaban en la arriería con fines comerciales. Testimonios escritos dan fe de que el General Vicente Ramón Guerrero Saldaña se dedicó a la arriería. Según el decir de quienes hablan de esta actividad, los arrieros conducían sus recuas llevando, a lomo de mulas, caballos y burros, sus mercancías: unos por el Camino Real que conducía al puerto de Acapulco, y otros transitando caminos de herradura que conducían a diversos poblados asentados en la topografía del suelo nacional. Se afirma que en este ir y venir de hombres y mujeres, los sones de artesa transitaron de la Costa Chica a Tixtla. También se comenta que oriundos de esta región concurrían a la festividad de La Virgen de la Natividad trayéndole a esta deidad sus cantares y bailes que agradaron a los tixtlecos y a quienes concurrían en peregrinar santo.

Entre los sones de artesa y sones de tarima, considerados un valor artístico-cultural de los guerrerenses, existen similitudes y diferencias:

 La similitud se constata al observar que tanto los bailes de artesa como los sones de tarima son ritmos en los que las mujeres muestran donaire, gracia y simpatía, y los hombres hacen derroche de gallardía, fuerza y viveza; por ello es criticable la actitud de quienes bailan estos sones con movimientos estilizados y más cuando los hombres asumen movimientos y mímica alejados de lo varonil.

 Similitud y/o diferencias: en la Región de la Costa Chica de Guerrero, la chilena o sones de artesa originalmente se bailan sobre un enorme  tronco de árbol en un extremo superiores destaca imponente la cabeza de un toro o caballo labrados y en el otro la cola correspondiente del animal; el madero tiene concavidad en la parte inferior a manera de cajón que hace contacto con la tierra tal y como se observa en algunos lugares del municipio de Florencio Villarreal: Cruz Grande, El Atrancadero, Arroyo Seco, Vista Hermosa, Los Charquitos… en donde los sones de artesa adoptaron el clásico redoble africano y el uso del tapeo en el arpa, por lo que fue sustituido el tambor; también se observa que en la chilena se introdujeron paseos y descansos; la vestimenta de la mujer está conformada por falda larga y amplia confeccionada de tela estampada, blusa bordada de chaquira (considerada de lujo), huaraches o zapato de tacón; la indumentaria del hombre se compone de pantalón y camisa blancos o pantalón de color fuerte y camisa blanca, sombrero de la región y en la mano un pañuelo, calza huaraches o botines, aunque, en algunas ocasiones, es común observar que tanto hombres como mujeres danzan descalzos.

Respecto a los instrumentos utilizados en la Costa Chica, destacan: arpa, jarana, cajón de tapeo y una guitarra con cuerdas metálicas.

 Además de El cardenal, Pájaro carpintero, El pato, El palomo, El zopilote y El gato, existen otros sones de artesa que frecuentemente se cantan y bailan en Tixtla de Guerrero, de éstos citemos fragmentos:

 

 

La iguana:

Si quieres comer iguana

yo te la voy a agarrar (se repite)

En el patio de tía Juana

se salen a calentar (se repite)…

 

Vapor chileno:

Cuando el vapor chileno

viene chillando jay (se repite)

Las negras en el muelle

se andan paseando que le da y le da (se repite)…

 

Los maripositos:

Señora la barca es mía

y los remos son de usted (se repite)

Usted váyase en la barca

que yo por tierra me iré (se repite)…

 

 

Tarima

 En Tixtla de Guerrero los sones se bailan sobre una tarima hecha de fragmentos de madera: la parte superior sobre la que sirve de base a los bailadores, es rectangular de aproximadamente 2.5 m de largo por 1.20 m de ancho, y en sus laterales los maderos miden 30 ó 40 centímetro de altura. Dentro de la concavidad de la tarima llegan a colocarse argollas y en las laterales se hacen orificios para dar mayor sonoridad a los pasos y el taconeo de los bailadores.

 La indumentaria del hombre está conformada por: calzón y cotón de manta, huaraches o botines, sombrero de palma y dos paliacates, uno en el cuello y otro en la mano derecha que sirve para señalar a la pareja hacia dónde se dirigirá el siguiente movimiento (el sombrero, ocasionalmente es originario de San Luis Acatlán, lugar asentado en la región de la Costa Chica).

 El atuendo tradicional de las mujeres en similar al usado por las mujeres tixtlecas en los inicios del siglo XX: falda larga (con una variante según los gustos o costumbre de una o de otras) y amplia con dos pastelones en la parte posterior, con holán abajo, adornada con encajes de algodón, confeccionada con tela estampada con flores de trazo diminuto, colores suaves, no chillantes; con la misma tela se elaboraba la blusa, cuyas mangas largas se veían coronadas con blondas de seda, en el cuello se le elaboraba una confección de forma circular con resorte en la parte de abajo para formar un holán; las más de las veces portaban rebozo de color obscuro traído de Tenancingo estado de México y zapato de tacón.

 No obstante que en la actualidad algunos bailadores de tarima usan vestimenta informal, el público les aplaude si sus movimientos y soltura tienen apego a lo que tradicionalmente se conoce como sones de tarima.

 El baile de tarima ha tomado renombre y es motivo de admiración no sólo en la región centro del estado guerrerense, sino que, al igual que otras estampas del folclor mexicano, ha trascendido allende las fronteras del suelo nacional en donde amén de mostrar sensibilidad y destreza de sus ejecutantes, deja de manifiesto la sensibilidad y creatividad artísticos que poseen hombres y mujeres de esta generosa tierra, a modo que en muchos lugares se les conoce como sones de tarima de Tixtla.

 

Bailadores de renombre:

 

Facunda Basilio y Pedro Esperanza Vega

 

Existen referencias de quienes fueron excelentes bailadores de tarima, compositores o ejecutantes de música y versos de los sones:

 De antaño. Personas de avanzada edad que testificaron el inicio del siglo XXI expresan con júbilo haber visto a bailadores de la talla de Silverio Castillo, Ascención Peñaloza Alcaraz, Juanita Hernández, Marcelino Gómez Bello, Eugenio Valadez, Febronio Alcaraz, Plácido López, Alberta López Bello, Rosa Moctezuma, Alejandra Muñoz, Wulfrano Alcaraz, Rosa Juárez, Úrsula Santos, Herminio Astudillo, Altagracia Alcaraz, Beatriz García López, Gustavo Ramírez, Miguel Ramírez, Crescencio Astudillo Vargas, Enedina y Margarita Gómez García, Aurelia Basilio, Sofía Vega, Fulgencia Astudillo, Sara Basilio Díaz, Juan Valle Vargas, Brígido Basilio Astudillo, Féliz, Dolores y Jesús Ojeda Catalán, María de Jesús Catalán, Carmen Bello Basilio, Trinidad Catalán…

 

De entre otros bailadores que hicieron época en la primera y segunda mitad del del siglo XX, cabe mencionar a: Andrea y Porfiria Moctezuma, Facunda Basilio Basilio, Carmen Jiménez Cienfuegos, Albina Alcaraz, Paula Astudillo, Güenda de Ramírez, Isaura Ramírez de Castrejón, Laura Rodríguez Mera, Isabel García Gómez, Lamberto Vega, Eufracio González, Reynaldo Alcaraz Vega, Pedro Esperanza Vega López, Rafael Alcaraz Hernández, Palemón Díaz (Palemón sin zapatos, porque bailaba descalzo), Reberiano Gómez, Bertha Gómez Franco, Luís Ramírez, Luciano Alcaraz, Félix y Jesús Ojeda, Tomás Alcaraz, Pedro Astudillo, Juan Gómez, Eduardo Ramírez, Elia Vega, Mario Peñaloza Gómez, Hipólito Basilio Gómez, Adolfo Bernal Lara, Albino López Nava…

 De entre quienes fueron excelentes bailadores de tarima en la postrimería del siglo XX, cabe citar a: Sara y Orquídea Basilio Parra, Eudosia Eloína Valadez Tepéc, Mario Manuel Encarnación Robledo, Doris Fierro Flores, Rosa Gudiño Millán, Enrique Valle Flores, Miguel Ángel Alcaraz Debray, Juan Pablo López Castro, José Guadalupe González Vargas, Ricardo Lara Vargas, Juan Bernardo y Carlos Alberto Alcaraz López, Miguel Ángel de la Cruz Alcaraz, Luis Francisco Albañil Ojeda, Miguel Ángel Albañil Salmerón, Rogelio Alcaraz Basilio, Miguel Ángel, Roberto, Lorena y Anabel Alcaraz Basilio, Hugo Catalán Secundino, Román y Magdalena Basilio Alejandro, Dania Francely Morales López, Rodrigo, Blanca Dea y Natividad Sandoval Cervantes, Bernardo y Aurora Alcaraz Peñaloza, Lilia y José Enrique Valle Vargas, Arturo, Francisco, Martha y Óscar Basilio Gómez, Brígido Astudillo Rodríguez, Sofía Rodríguez Mera, Magdalena Valle Florez, Víctor Peñaloza Encarnación, Claudio Morales Muñoz, Enoc Hernández Alarcón, Miguel Ángel, Arturo, Luz del Carmen y Alejandro Gómez Franco, Luis Román, Maricruz, Magdalena y Verónica Basilio Alejandro, Ada Angélica y Patricia Moreno Ojeda, Noemísabel Bánchez Navarrete, Georgina Torreblanca, Lucía de la Paz Ojeda, Alejandro Salinas Hidalgo, Samuel Espíritu, Hana Basilio Minor, Edith Muñoz Cienfuegos, Abad Tizapa, Javier Díaz Miranda, Andrés Navarro, Rocío Nárez Jiménez, Leonor y José Luis Hernández García, Elda Peralta Flores, Aneidi y Rubicelia González Alejandro, Teresa Hernández, Elena Dircio, Roberto González Flores, Jesús Enmanuel Valle Hernández, Princesa Vargas, Armando Vargas Juárez…

 

 Instrumentos musicales

 

 La mayoría de los grupos musicales utilizan:

 Jaranas y/o vihuelas y cajón de tapeo que se golpea con una tablita pequeña que el tapeador sujeta en una de sus manos.

 Algunos grupos utilizan el arpa, instrumento musical que fue ejecutado por algunos lugareños en las postrimerías del siglo XIX y principio del siglo XX.

 Según versiones de quienes han transitado en la bulla que arman los sones de tarima, este instrumento dejó de utilizarse en Tixtla durante algunas décadas, resurgiendo su presencia en el año de 1965 cuando el señor Eduardo Gallardo, originario de Cruz Grande, enseñó la ejecución de este armonioso instrumento musical a don Juan Valle Vargas y también a Vicente González Alejandro, cuando éste era un niño.

 

 Pioneros de los sones de tarima en Tixtla

Los primeros grupos musicales no tenían nombre, ya que ocasionalmente se integraban con diferentes personas ejecutando diversos instrumentos musicales, destacan, entre otros: Anastasio Ramírez Hernández y Anastacio Ramírez Ramírez (jarana), abuelo y padre respectivamente de la señora Isaura Ramírez; Librado González (arpa), Tomás Alcaraz (jarana), Roberto Ramírez Hernández (jarana), Palemón Díaz (tapeador), Daniel Vega (jarana), Marcelino Gómez (tapeador), Valeriano Moctezuma (arpa), Alejandro Chepillo (arpa), Eugenio Hernández (jarana), Eustacio Ojeda (jarana), Eugenio González (tapeador), Luciano Chepillo (jarana), Alfonso Hernández Hernández (vihuela), Juan Cervantes (jarana), Chano Alcaraz (jarana), Alberto Astudillo (tapeador), Leobardo y Alejandro Gómez García (jarana), Cirino López (tapeador), Cruz Morales Ramos (jarana), Palemón Díaz, Eugenio Hernández,  Valeriano Morales… de entre éstos hubo destacados compositores cantantes y/o bailadores.

 

Conjuntos tarimeros de renombre en Tixtla, (según datos recabados en el año 2010):

Los Azohuastles integrado en su inicio por los señores: Jesús Ramírez Ramírez (jarana), Arturo Alarcón Estrada (vihuela), Alberto Astudillo (cajón), tiempo después se integró a éste Vicente González Alejandro (arpa). Al retirarse Alberto Astudillo ingresó Isaías Basilio Bautista; al morir Jesús Ramírez Ramírez lo sustituye Juan Dircio Adame. Años después Vicente González Alejandro se excluye del grupo, quedando en éste: Arturo Alarcón, Isaías Basilio y Juan Dircio quienes tuvieron mayor trascendencia.

As del Sur integrado por los señores: Cruz Morales Ramos (jarana), Juan Dircio Adame (vihuela), Juan Valle Vargas (vihuela), Daniel Vargas González (cajón), Vicente González Alejandro.

 

 Conjuntos tarimeros contemporáneos en Tixtla de Guerrero

Entre otros: 

 

Los Azohuaztles, intergado por Jesús Ramírez Ramírez(jarana), Arturo Alarcón Estrada(vihuela), Alberto Astudillo(cajón).

Tiempo después se integró a éste, Vicente González Alejandro(arpa). Al retirarse Alberto Astudillo, ingresó Isaías Basilio Bautista; al morir don Jesús Ramírez, ingresa Juan Dircio Adame.

Alma Tixtleca integrado por Vicente Ojeda González (vihuela), Juan José Vargas Catalán (vihuela) y Enoc Hernández Alarcón (cajón).

 

 

 

Los Fandangueros de Tixtla, integrado por Vicente González Alejandro (arpa), José Guadalupe González Vargas (cajón), José Antonio González Vargas (vihuela).Papaquis, integrado por Hugo Catalán Secundino (vihuela), Diana Gutiérrez Leyva (cajón) y Jorge Rufino Anastasio (vihuela).

 

 

Tradición Fandanguera integrado por José Guadalupe González Vargas (vihuela), Manuel Beltrán Díaz (arpa), Juan Pablo López Castro (cajón).

 

Tlahuilos integrado por Eugenio Dircio Santos (vihuela), Adrián Santos Juárez (cajón), Juan Tlatempa Flores (vihuela), Roberto González Flores (vihuela) y David Alarcón Gómez (vihuela).

 

 

Grupo Tlatelulco integrado por Bernardo Alcaraz Peñaloza (cajón), Juan Bernardo Alcaraz López (vihuela), Carlos Alberto Alcaraz López (vihuela), Javier Martínez Salazar (vihuela).

 

Grano de Oro integrado por Miguel Ángel de la Cruz Alcaraz (vihuela), Ricardo Lara Vargas (vihuela), Armando Vargas Juárez (vihuela) y Agustín Barrios Guevara (cajón).

 

Los Abajeños integrado por Cirino López Bello (+), Claudio Morales Muñoz (vihuela), Gonzalo Gómez Franco (vihuela), Ángel González Astudillo (vihuela) y Ulises Morales López (cajón).

 

 As del Sur (actual) integrado por Cruz Morales Ramos(+) (Vihuela, Eduardo Morales Bello (Vihuela), Maricruz Morales Bello (Cajón).

 

 

 

As de Oros integrado por Juan Valle Vargas (vihuela), Adolfo Bernal Lara (vihuela), Enrique Valle Flores (vihuela) y Emmanuel Valle Hernández (cajón).

 

Amigos de San Lucas integrado por Roberto Hernández Peña (vihuela) y Gumaro Hernández Avilés (vihuela).

 

 

Tlahuilpan integrado por Florencio Dircio Robledo (vihuela), Pavel Tonatiuh Dircio Jiménez (vihuela) y Pavel Tonameyotzin Dircio Jiménez (cajón).

 Espejo de los Dioses integrado por Josafat Albañil Salmerón (vihuela), Salomón Albañil Salmerón (vihuela), Luis Francisco Albañil Ojeda (vihuela) y Miguel Ángel Albañil Salmerón (cajón).

 

Gallo de Oro integrado por Álvaro Zamudio Loza (vihuela), Juvencio Robledo López (cajón) y Hermelando Alcaraz Jaimes (vihuela).

 

Chintetes integrados por Agustín Barrios Guevara (arpa), Carlos Axel Bello Dircio (vihuela), Diego Hernán Bello Dircio (vihuela), Sebastián Bello Dircio (cajón) y Luis Enrique Ledezma Bello.

 

Pichihuaztles integrado por Arturo, Francisco Javier e Hipólito  Basilio Gómez.

 

El Chincual, integrado por Mario Manuel Encarnación Robledo, Carlos y Rodrígo Encarnación Fierro y Alcides Vega Dimayuga.

 

Además de los grupos musicales que tradicionalmente interpretan sones de tarima en el ámbito tixtleco, existen conjuntos que operan en otros ámbitos:

 

Papaquis, integrado por Hugo Catalán Secundino, Diana Gutiérrez Leyva y Jorge Rufino Anastasio.

Tlahuilpan, integrado por Florencio Dircio Robledo (vihuela), Pavel Tonatiuh Dircio Jiménez (vihuela) y Pavel Tonameyotzin Dircio Jiménez (cajón).

 El Nahual (Distrito Federal), integrado por Iván Cortés Calderón, Eliud Vázquez Luna, Lindarocio Quiroz Hernández, Isaac Hernández Vargas y Salvador­ Martínez Martínez.

 Gallos Plateados (Distrito Federal), integrado por José Servín, Fredi Campos, Gregorio Cordero y Carlos Rivera.

 Ziranaí (Distrito Federal), integrado por Pavel Julián Romero Solís…

 Netotelitle (Acapulco de Juárez, Guerrero),integrado por Lino E. Vielma Heras y Alan Daniel Posas.

 La negra Mora (Distrito Federal), integrado por Javier Obregón Hernández, Patricia López Cabrera y Cibele Melo Paredes.

 Grupo de Coacalco (Estado de México, integrado por Rosalba Bello Vargas e Israel Martínez López.

 Yolotecuani (Distrito Federal), integrado por David Peñaloza (arpa), Isabel Coronel (cajón), Osvaldo Peñaloza (cajón), César Martínez (jarana).

 Grupo de la Escuela Normal Federal Rafael Ramírez (Chilpancingo de los Bravo, Gro.), el responsable del grupo es Víctor Manuel Marroquín Cristóbal (jarana).

 Compositores y/o arreglistas musicales:

 Entre los más destacados compositores y/o arreglistas de sones de tarima tixtlecos, destacan:

 Anastacio Ramírez Ramírez, Raúl Isidro Burgos, Pablo Astudillo Guillemau, Juan Dircio Adame, Eugenio Hernández, Alfonso Hernández Hernández, Ausencio García Luna, Cruz Morales Ramos, Juan Valle Vargas, Vicente González Alejandro, Maximino Vega Zamudio, Ángel González Astudillo, Vicente Pantaleón Guerrero, Vicente Peralta Flores, Eduardo Morales Bello…

 

Fragmentos de:

 

Granito de Oro

(Anastacio Ramírez Ramírez)

 

Se llama granito de Oro

El toro de la manada

Apuesto que el tigre al toro

Peleando no le hace nada

Se llama granito de oro…

 

La hormiguita

(Pablo Astudillo Guillemau)

 

Hormiguita, que afanosa

trabajas de sol a sol,

tu inquietud no se parece

a mi inerte corazón…

 

El son valiente

(Raúl Isidro Burgos)

 

Son de la tierra Caliente

De Guerrero y Michoacán,

y que tiene el alma misma

del campesino de allá…

 

La costeñita

(Juan Dircio Adame, 1966)

 

Costeñita consentida

estrella en la madrugada

ayer me dijiste que hora

hay me dices que mañana…

 

 

 

 

 

Torito

(Cruz Morales Ramos)

 

Este torito que traigo

no es norteño ni extranjero

es un torito del centro

del estado de Guerrero.

 

El Santuario

(Juan Valle Vargas)

 

Soy del barrio de Santuario,

me dicen el santuareño,

porque me gusta el mezcal

y mi color es trigueño…

 

Los barrios

(Maximino Vega Zamudio)

 

Señores voy a cantarle

los recuerdos que he vivido,

con gente linda y sincera

que es de mi Tixtla querido…

 

El gavilancito

(Vicente González Alejandro, 26-05-1978)

 

Un gavilancito

que anda por el aire

busca su alimento

para calmar su hambre…

 

Los tigres

(Ángel González Astudillo)

 

Los tigres aquí en mi pueblo

también bajan con sigilo

los vemos siempre en las ferias

del Santuario y San Isidro…

 

A Tixtla

 

(Vicente Pantaleón Guerrero)

 Tixtla “espejo de los dioses”

de luchas y de ilusiones

¡Lugar que fundes la historia

con fiestas y tradiciones!…

 

A Tixtla

(Vicente Peralta Flores)

 

He compuesto esta canción

con pedacitos de mi alma

con todo mi corazón

a un lugar de mucha calma…

 

El tixtleco

(Alfonso Hernández Hernández)

 

Señores yo soy de Tixtla

pero de Tixtla Guerrero

de donde nacen bailando

y el fandango es lo primero…

 

Los cebolleros

(Ausencio García Luna)

 

Desde Tixtla hemos venido

cantando este alegre son

nos dicen los cebolleros

amados de corazón…

 

El paisanito

(Eduardo Morales Bello)

 

Pongan atención señores

a este son que es muy bonito

porque lo bailan mayores

y también los jovencitos

 

 

La tarima sobre la cual se bailan los sones de Tixtla, también ha sido motivo de inspiración poética. Del profesor Cesario Hernández Bello citaremos algunos versos producto de su inspiración:

Tarima que en la plazuela

colocan los del fandango,

permite que en ti yo goce

hechizos de un zapateado…

 

… La jarana y el tapeado

le dan rima y vida al arpa

que tiene cuerdas de sapo

o de metal, bien afinados…

 

… Patito de la laguna

que nadas en agua fría,

métete en el corazón

de quien es el alma mía…

 

Patito de arroyo seco

vuela y llévale a mi amor

estos sones de tixtlecos

que son de mi adoración…

 

 

 .o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.

 

   

DANZA DE LOS MANUELES

 

Consideraciones:

 La danza de los Manueles es originaria de Tixtla de Guerrero. Por versiones que se han venido transmitiendo de generación a generación se sabe que surgió como expresión artística encaminada a ridiculizar a don Manuel y a su esposa, dueños de una hacienda asentada en las inmediaciones del valle tixtleco.

 Según el decir de la gente, el hacendado de origen español, además de ser celoso, déspota, prepotente y explotador, daba mal trato a hombres, mujeres y niños que estaban bajo su mando, los obligaba a trabajar más de lo acostumbrado y, en ocasiones, los golpeaba con el bastón que utilizaba para caminar. Contrario al proceder de su esposo, su mujer, hembra rubia de avanzada edad y cuerpo voluminoso que vestía a la usanza de las mujeres del lugar, ésta era cariñosa y hasta apapachadora con sus trabajantes.

Un día excepcional en la hacienda era cada jueves de Corpus, cuando don Manuel festejaba su santo. Ese día echaba la casa por la ventana: daba abundante comida y bebida a su servidumbre y los hacía copartícipes de un jolgorio musical en el que su esposa, ya entrada en copas, se manifestaba más efusiva con sus invitados; bailaba con ellos, los manoseaba y los hasta jaloneaba para propiciar que en un descuido cayeran al piso. En tanto esto sucedía, don Manuel, molesto e indignado por el mal comportamiento de su mujer, la seguía en su bailoteo al tiempo que desahogaba su malestar dando bastonazos a diestra y siniestra a quienes encontraba a su paso.

 Este acontecer se repetía año con año de ahí que los peones, dolidos por el maltrato que recibían de él,  buscaron la manera de ridiculizarlo; para ello prepararon un sainete que encubrieron en una danza que a la postre ejecutaron en la fiesta anual. Quienes idearon y ejecutaron esta representación artística imaginaban el posible enojo que con ella motivarían en el ánimo del hacendado, pero tamaña sorpresa tuvieron al observar que, más que enojo, ésta le agradó y emocionado dispuso que se ejecutara cada año en honor a él.

 

  Características

 Música: la entrada, los nueve sones, y la salida que la conforman, son ejecutados con un tambor y un violín.

 Indumentaria: Los bailadores (siete parejas ejecutantes) utilizan tres tipos de atuendos:

 

Los peones: Visten calzón que les cubre las piernas hasta la rodilla en donde se sujeta con un resorte que da forma a una especie de holán, un cotón de mangas largas con la misma terminación en la proximidad de las manos, cuello redondo con repulgos. Complementan su indumentaria con un sombrero de palma, forrado con la misma tela utilizada en su traje y decorado con moños de listón y pequeños trozos de carrizo que semejan trenzas y rizos de la Manuela. En la parte superior del sombrero colocan pequeños espejos que representan los abundantes brillantes que usaba la dama. El danzante cubre su cara con máscara de facciones diminutas, afín a las del hacendado, calza zapatos a la usanza de aquella época y medias de popotillo. El traje que inicialmente usaron fue confeccionado con manta, pero en la actualidad, para ofrecer mayor vistosidad, se utiliza satín de diferentes colores.

 La Manuela se engalana con falda y blusa largas y muy amplias hechas con tela de algodón estampado con flores pequeñas; calza zapatos de tacón grueso, usa medias de popotillo, luce cabellera larga y rubia hecha con ixtle trenzada con listones de un solo color. Quien la representa usa máscara de facciones finas que ridiculiza gestos y una boca chueca y carente de algunos dientes. Complementa la personificación de la Manuela colocándose enormes senos y caderas que se le mueven desacompasadamente durante su bailoteo al ritmo del tambor y el violín.

 Don Manuel, hombre alto y delgado, luce traje negro, camisa blanca, corbata mal anudada, sombrero negro de copa alta, adornado con un listón rojo, zapatos y medias de popotillo. Su máscara al igual que las de sus acompañantes portan un remedo de cigarrillo. Los danzantes portan en la mano izquierda bastones hechos de ramas torcidas que semejan culebras y en la derecha un bule pequeño que simula una sonaja.

 Al transcurrir el tiempo el vulgo dio en llamar a esta danza: Los Manueles que se ha incorporado a las festividades y su participación en concursos ha merecido reconocimiento a sus ejecutantes y premios diversos a quienes la impulsan consolidándola, al igual que los sones de tarima, como valor artístico que conlleva matices de identidad nacional que enorgullece a los tixtlecos.

 

 

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Epílogo en el libro 

SONES DE TARIMA Y LA DANZA DE LOS MANUELES

 

¡Amanece!, y a la par de entrecerrar las páginas que contienen algo de lo mucho que se puede decir de la danza de los Manueles y los sones de la tarima, evocamos alborotos y bulla pueblerinos en los encuentros mayordomales, atraemos voces de cantadores, taconeos de bailadores sobre una tarima Chincualuda y ecos provenientes de vihuelas,  jaranas, arpas y cajones para tapear.

Dejando en abandono temporal lo asentado en papel y tinta, transitamos por plazuelas y calles hasta llegar a la puerta de un hogar adornada de carrizos, arreglos floridos de papel crepé y china, cadenas de tapayola, cañas y varas de San José, y, dado que este es nuestro destino momentáneo, acompañados de quienes hacen vibrar sus instrumentos musicales, nos disponemos a cantar los papaquis tixtlecos: Es aquí o no es aquí, o será más adelante, pero dicen que aquí vive la perla con su diamante…, y, de inmediato, quienes nos acompañan, repetirán: es aquí o no es aquí o será más… Y, acto seguido, no sin antes decir aquello que declamaba el buen amigo Colaco del meritito barrio del Santuario: no traigo corona de oro/ ni tampoco de cristal/sólo traigo mi barriga/pa´ llenarla de mezcal… nos adentraremos a un hogar cuya puerta está adornada con listones y crespones de papel crepé, cañas, carrizos y varas de San José en donde empezará el jolgorio: en carrizos recortados se servirá mezcal y al son de la banda se bailará y cantará mientras algunas mujeres, sobre mesas cubiertas con manteles, depositan suculentas cazuelas de humeante pozole, rodeadas de cebollas tiernas, limas agrias, platitos con chile seco molido, orégano, chile verde y pedazos de limón. Conocedores de las costumbres de nuestro pueblo, nos meteremos hasta la cocina y ofreceremos traguitos a las señoras que han preparado los alimentos y, ahí entre queriendo y no queriendo tomaremos una copa con cada una de ellas. ¡Salud!, para instantes después zapatear con ahínco sobre una tarima chincualuda al ritmo de cantares y cadencias procedentes de cajas para tapear, arpas, jaranas y vihuelas.

 Y si en plena bulla nos sorprende el tañer de campanas repetiremos a coro versos del poema de Luis Rosado Vega: ¡”Hay fiesta en mi pueblo, señor, las campanas lo dicen riendo, lo gritan ufanas con su varío son. ¡Tocad, campanas de mi corazón…”

 

 

Referencias

—        Archivo de la Parroquia del Santuario de la Natividad de María, Tixtla de Guerrero, Gro.

—        Geografía Histórica de la Nueva España, 1519-1821, Peter Gerhard.

 

Personas consultadas

Bernardo Alcaraz Peñaloza

Vicente González Alejandro

Isaura Ramírez Basilio

Hipólito Basilio Gómez

En referencia a La Muerte

septiembre 8

En referencia a La Muerte

“…Estuvo aquí,… deambuló allá…; la muerte es ésto…, es lo otro…”, dice la gente. Y de sus expresiones surgen preguntas inquietantes:

“¿Quién es ese “ente” que la humanidad denomina “Muerte”?.. ¿Cómo es su apariencia física, si es que la tiene?… ¿Viste?… ¿Calza?… ¿Canta?… ¿Baila?… ¿Come?… ¿Bebe vino y disfruta de otros placeres mundanos?…”

Ante la incertidumbre aposentada sobre los humanos, imaginamos que es a semejanza a lo que creemos que es o quisiéramos que fuese. Y he aquí que en el devenir profano, el arte, la literatura, la filosofía, la religión,… se le mencione o describa: ya como “huesuda, ya como calaca, cadavérica, parlanchina, fúnebre, macabra, Parca…”

Pero, no obstante la simplicidad o creatividad ingeniosa de quienes se refieren a ella; nadie puede afirmar o negar que es cierta la apariencia que se le adjudica, porque nadie la ha visto. La muerte puede ser un ente agradable, fino, hermoso, elegante, apacible o tal vez violento, detestable, macabro, feo,…

De ese ámbito enigmático e intangible que la o lo rodea, (válgase decir: “la o lo” porque no se conocen referencias de si su género es masculino o femenino), se avizora que en el destino de los mortales está él o ella como algo ineludible, algo que tarde o temprano arribará a manera de principio, pausa, tránsito o final terrenal. He ahí que le asiste la razón a quien afirma que “La Muerte es democrática, porque a fin de cuentas, sea: güera, morena, rica o pobre, la gente acaba siendo calavera”.

Derivado de este contexto, hay quienes viven acogiéndose a expresiones mundanas: “Come y bebe que la vida es breve…” “Matrimonio y mortaja, del cielo baja,…” o plácidamente se dejan llevar en la vida por lo que significa la afirmación de León Tolstoi: “La muerte no es más que un cambio de visión”… La muerte…

 

A LA VERA DEL CAMINO (Libro para descargar)

abril 8

  Fragmentos literarios

 

Son fragmentos a manera de guijarros multicolores extraídos del cauce de un arroyuelo impregnado de aconteceres, desasosiegos, amores, desamores y añoranzas engarzados en el andamiaje de la prosa llana y en veces poética del autor.

 

 

 

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Leyendas de Tixtla de Guerrero

julio 6

LA LEYENDA …

 

No obstante que la leyenda, «narración de hechos sobrenaturales, naturales o una mezcla de ambos que se transmite de generación en generación de forma oral o escrita,…  relato que se sitúa de forma imprecisa entre el mito y el suceso verídico,… »  ha menguado como fuente  que anima la tradición oral o escrita en las nuevas generaciones, aún quedan vestigios de la narrativa que atrajo y alimentó el conocimiento y/o la fantasía en los seres que poblaron la faz terrenal.  En este decir y hacer, Tixtla de Guerrero, ciudad asentada en el valle Tistlan en el estado de Guerrero, México, tiene lo propio; ya en documentos ya en el hablar de las personas que guardan reminiscencias del narrador: el abuelo, la abuela, el viejo vagabundo,… que contaban, en noches de plenilunio o en rincones de s casas, hechos, mitos,…

*Tomado del libro, quepa atraer del libro «Barrios, Tradiciones y Leyendas,» que el profr. Reynaldo Alcaraz Peñaloza  y yo editamos; en éstas, no sólo se asienta lo comunmente escuchado, se incluyen datos recabados en formatos corregidos y aumentados para deleite del lector: 

    

 

LA VIRGEN VIAJERA

Algunas personas afirman que esta imagen de bulto era
transportada por peregrino procedentes de Tixtlancingo, ex habitantes de
Tixtla, quienes regresaban de la ciudad de Puebla después de haber llevado a
restaurar su virgen venerada, y que al tomar un descanso a la sombra de los
ahuehuetes asentados en el núcleo poblacional que actualmente se denomina
barrio del Santuario, ésta se hizo pesada al grado que no la pudieron levantar. Según el
decir de algunos ancianos devotos de ella, con ello dio a entender que deseaba
quedarse aquí, y otros aseguran que los lugareños, enterados de que esa era la
imagen que antiguos pobladores de Tixtla, luego de sobrevivir a una inundación, se habían llevado a Tixtlancingo, se
posesionaron de ella al tiempo que prometieron construirle su santuario.

Sea  cual fuese la realidad que originó la presencia de esta deidad, la Virgen de la Natividad en Tixtla,
réplica de la Virgen de Covadonga adorada en Oviedo España, es venerada el ocho
de septiembre y el treinta y uno de mayo. A sus festividades asisten habitantes
de esta población y también personas procedentes de diferentes lugares de la
república mexicana. Su  santuario se encuentra cobijado por una construcción eclesiástica resguardada
por tres centenarios ahuehuetes, plantados frente a la plazuela que
inicialmente se llamó General Porfirio Díaz, hoy Plazuela Alberto González
Valle, en el barrio de El Santuario de la ciudad de Tixtla de Guerrero.

 

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Po la herencia...El VIEJO RANERO

 

Ya como verdad o mera fantasía, los ancianos, que presenciaron el inicio del  siglo XXI, decían que, en la cueva enclavada en la base rocosa de El Cerro Pacho, situada muy cerca de la barranca de Chompito y el Resumidero en las inmediaciones de la laguna de  Tixtla de Guerrero, México, habitó un hombre enigmático, huidizo, ermitaño,…Nadie de los hablantes afirmaba haber convivido con él; algunos aseveraban haberlo visto desde  muy lejos, y otros daban rienda suelta a su imaginación partiendo de lo que se supone habían escuchado en las apasionadas  discusiones de sus vecinos.  Pero todos lo asociaban con millares de diminutos sapos que invadían, en el amanecer del primer día lluvioso de cada verano, los campos y caminos del entorno tixtleco; lo relacionaban con la aparición de ajolotes que pululaban en las aguas lodosas de los charcos, el croar constante de sapos  agazapados en escondrijos acuosos, y la presencia de pequeñísimas ranas de ojos saltones y color verdes tierno de tamaño apenas superiores al de la uña del pulgar de un adulto que se balanceaban sobre ramajes y hojas pegajosas de artemisas flotantes en las aguas de la laguna. En este decir, los labriegos hacían hincapié en la repentina desaparición de los sapitos negruzcos: afirmaban que, salvo aquéllos que  habían perecido bajo los pies de los transeúntes o las patas de las recuas en movimiento, ni uno solo de ellos se  divisaba en el amanecer del día siguiente de su aparición.

En los relatos salía a relucir que en una noche de plenilunio se le había visto, encaramado en lo alto de una enorme piedra situada en la orilla de la laguna, cubierto de ramajes y algas; un cazador nocturno juraba haberlo observado en actitud solemne al tiempo que sapos y ranas emitían su croar en tonos diversos propiciando sinfonías que resonaban sobre sembradíos, el caserío que alberga la población y las aguas de la laguna protegidos por las elevaciones montañosas que circundan el valle.

He ahí que durante mucho tiempo, El Viejo Ranero, de quien se decía que se alimentaba de algas, ramajes y hablaba el lenguaje de los sapos y las ranas, anduviera en la alharaca de los lugareños que, en las madrugadas  saturadas de tlapayautlis, escuchaban lo que parecía ser un “un concierto saperos”.

 

Más, como nada es eterno, después de haber transcurrido muchos ayeres, la figura de ese hombre  enigmático, huidizo, ermitaño, se diluye en la neblina que trae consigo la indiferencia; salvo algunas personas que atraen su nombre cuando hablan de la contaminación existente en las aguas de la laguna y los cauces de los arroyuelos de Coxtlapa, Xaltipán, Tezahuapa y Cocuilpan, lo grueso de la población no menciona “La cueva del viejo ranero”, ni saben por qué se llama  “Barrio de Cantarranas” a uno de los asentamientos humanos, participantes en la fundación de lo que es ahora la ciudad de Tixtla de Guerrero. Aunque, allá de vez en cuando, no deja de existir alguien que, imprimiendo a sus palabras un dejo nostálgico, suele decir: “El Viejo Ranero, emergió de las aguas y transitó por el rumbo del paraje Mechazingo; bajo la luz tenue reflejada por la luna y la llovizna constante del tlapayautli, caminó al tiempo que ranas y sapos lo seguían y croaban; ¡se alejó, y jamás volvió!”.

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LA ZIHUATATAYOTA

 

De la Zihuatatayota, personaje de leyenda surgido en el entorno tixtleco, se dice mucho. En la actualidad no es exclusivo de Tixtla de Guerrero y sus alrededores, en diversos lugares se habla mucho de ella; dícese que es una mujer elegantemente ataviada con sedas y encajes, alta y de porte altivo, viandante nocturna asidua a los enamoramientos, visitante de aguajes, enigmática y solitaria…  Sea cual fuese su descripción en el contexto de la leyenda que lleva su nombre, cabe escuchar los relatos en los que ocupa primacía, de entre éstos, atendamos lo expresado por don Benigno López Abraján:

Transcurría el año de mil novecientos doce, era la madrugada de un día del mes de septiembre; flotaban en el ambiente frescuras de lluvia  y olores de tierra mojada. Mis amigos de parranda y yo, además de llevar en el estómago abundantes tragos de mezcal, portábamos sarapes para espantar el frío, calzábamos botines y nos cubríamos la cabeza con sombrero de astilla, era los considerados para la paseada. Veníamos de la casa de nuestras noviecitas a quienes habíamos llevado serenata cuando a lo lejos, proveniente del Barrio de Tlatelulco, divisamos la gendarmería realizando su rondín acostumbrado. De ellos, quien iba a la vanguardia, se dejó escuchar un silbatazo a manera “quien vive allí, ¡párense hijos de …”. Iluminadas por la llamarada tenue proveniente de un hachón, nuestras siluetas se delineaban confusas en la distancia. Como viésemos que aceleraron sus pasos para darnos alcance en el lugar denominado Las siete esquinas de la población de Tixtla de Guerrero, cada uno de nosotros tomó camino diferente: Antonio Basilio se dirigió al barrio de San Agustín, Anacleto Dircio enfiló sus pasos al barrio de El Santuario, y yo me dirigí a Los corrales. Crucé La calle ancha, y tomé el rumbo de La alberca; caminaba con pasos inseguros en la oscuridad al tiempo que mi mano derecha palpaba la empuñadura de un verduguillo. Cuando estuve bajo los ahuehuetes que protegen las aguas que brotan y dan sustento a ese balneario, recargado en el tronco de uno de ellos, me sentí a salvo de los guardianes del orden. No sé durante qué tiempo estuve allí en la obscuridad  entreverada por resplandores lunares que se colaban entre los ramajes de los árboles gigantes. Oía el fluir del torrente que afloraba de los veneros cuando de pronto me percaté de un bulto blanquecino que al  acercarse al aguaje fue mostrando la silueta de una mujer alta y portentosa, vestida con ropajes blancos; esperé para observar qué hacía; cuando estuvo sentada en una de las piedras colocadas en rededor del manantial; enamorado como soy, se me alborotaron cuerpo y alma, y sin pensarlo mucho fui hasta donde estaba ella. Su cabellera caía abundante sobre su espalda; por su postura intuí que jugueteaba con las aguas. Todavía no llegaba hasta ella cuando ya le estaba diciendo palabras bonitas y frases encaminadas a enamorarla para obtener sus favores amorosos, y, sin recato alguno, la abracé metiendo mis narices entre sus cabellos que de pronto sentí ásperos, pero como si eso no tuviera importancia seguí tras mis propósito; continué con mis arrumacos al tiempo que ella los correspondía con leves gemidos. Como viese que no oponía resistencia a mis caricias, se me ocurrió decirle: ‘mamacita, dame un besito; ándale preciosura, ¡bésame que ya te estoy queriendo! Repetí eso y otras palabras más para convencerla’; luego sentí que ya me la había ganado; lo comprobé al sentir el movimiento de su cuerpo para voltearse  y quedar frente hacia mí; yo me dispuse a besarla, pero tamaña sorpresa me llevé al mirar su cara, en ésta tenía ojos similares a los de un caballo, sus narices eran chatas como las de un marrano, su frente descomunal y sus labios grueso y floreados dejando entrever dientes descomunales; No obstante que sus manos frías me sujetaban me escapé de ellas y como pude corrí dando alaridos para desahogar mi terror; fui dando traspiés y no paré hasta llegar a mi casa cuya puerta era de madera apenas sostenida por la tranca corrediza que colocaba mi madre para que me franqueara la entrada en caso de una emergencia. Cuando estuve dentro de la estancia enmudecí, no respondí sus preguntas. Al mirar mi estado asustadizo, me dio bebedizos que me hicieron dormir; no supe más de mí hasta pocas horas después que desperté en el amanecer cuando me sentí desposeídos de zapatos, sarape, sombrero y verduguillo que al parece había dejado desperdigados en mi carrera loca; pero ni aún así no corregí mi actuar de enamorado hasta que el tiempo me ubicó en mi condición de anciano atado a esta silla que me soporta con mis más de noventa años vividos. Por eso cuando me preguntan que si existe la Zihuatatayota, mi mente se transporta hasta esos años primeros del siglo veinte cuando en mi condición de paseador recorría, durante las horas de la madrugada, las calles de ese pueblo mío”. 

 

Don Benigno, más conocido como Adrián Alcaraz, exhaló un suspiro al tiempo que su mirada se posaba en el chacuaco de la histórica Hacienda de Chinameca ubicada en el estado de Morelos en donde radicaba como pensionado y propietario de una parcela que el gobierno le otorgó por sus servicios al lado del General Emiliano Zapata en el movimiento revolucionario iniciado en el año 1910. Quienes lo visitaban, hombres y mujeres originarios de la ciudad de Tixtla de Guerrero, México, se miraron unos a otros al tiempo que recordaban la antigua alberca denominada Teoixtla vinculada al relato.

 

 

LA MUJER VESTIDA DE BLANCO

De la antigua carretera que inicialmente unió a Tixtla con Chilpancingo de los Bravo, ruta angosta de difícil acceso que serpenteaba entre laderas y barranquillas, quedan: reminiscencias de camino fragmentado, anécdotas de quienes la recorrieron caminando o conduciendo automotores pioneros del autotransporte actual, y también un halo misterioso de hechos que se adentran en umbrales del mito.

Algunos conductores de automóviles o camiones cuentas que al filo de la madrugada solía verse a la vera de la carretera una mujer alta, delgada y de cabellera larga que aparecía en las cercanías del Puente Zapata edificado sobre una parte del río Cocuilpan que surca las tierras de la antigua hacienda de Ayotzinapa y prosigue por el paraje denominado Las tejerías hasta desembocar en El Cajete, asiento de la laguna de Tixtla de Guerrero.

Dicen quienes tardíamente recorrían esa ruta, ya por trabajo, por atender amores furtivos o por involucrarse en una parranda, que con ademanes solía la dama pedir que se detuvieran y le permitieran abordar el vehículo. Confiesan que al verla envuelta en indumentaria blanca resaltada por la luz de los fanales encendidos, se apoderaba de ellos el miedo que los inducía a encomendarse a Dios, a la deidad de su devoción o a su madrecita santa, jurando que jamás se aventurarían a transitar solos esa ruta en horas de la madrugada. Uno de ellos narró que no obstante que puertas y cristales lo protegían tuvo la sensación de que la llevaba en el asiento trasero de su coche; otro dijo que al pasar frente a ella sintió un frío que le caló los huesos. Unos más y otros menos asustados pero todos dijeron que la mandíbula se les endureció y los cabellos se les crisparon, y si borrachos venían, hasta el efecto del licor consumido se les había desvanecido.

Al construirse la actual carretera Tixtla-Chilpancingo se murmuró que la aparición ocasiona de la “mujer de Blanco” quedaba sepultada bajo los escombros, pero se sabe que en madrugadas de cielo cubierto por nubarrones y cuando hay poco fluir vehicular, algunos conductores trasnochados experimentan la sensación de que allí está a la vera del camino junto al nuevo puente edificado en las inmediaciones de la presa Juan Catalán Verbera, y que con el sólo hecho de recordar lo que se dice de ella, un frío fantasmal se apodera de ellos.

 

EL BURRO SIN CABEZA.

Corre de boca en boca un rumor: “en las noches más obscuras, cuando tixtla estaba escasamente iluminadas con hachones o candiles, un burro sin cabeza recorría el pueblo; era negro, pardo o gris, nadie a ciencia cierta lo supo, lo cierto es que quienes lo veían apenas si distinguían su figura bajo las sombras. Por su rebuznarmacabro y el sonar de sus cascos sobre el empedrado, la gente imaginaba que venía del Zanjón, decía que inicialmente se encaminaba al barrio de San Lucas y que luego de trotar en calle y callejones del pueblo, retornaba por el cauce de Coxtlapa, esto último según lo vertido por don Rafael López, cuya casa estaba a la vera de ese arroyo, quien en repetidas ocasiones escuchó sus resoplidos y carrera loca.
Algunos moradores del lugar llegaron a pensar que el citado burro sin cabeza era invento de borrachines que en altas horas de la noche recorrían las calles, y hasta se afirmaba que habían sido las madres de éstos quienes lo idearon para asustarlos, pero estas suposiciones tuvieron un vuelco cuando un grupo de muchachos, guiados por la curiosidad y ansiosos de aventuras, se propusieron conocerlo. Su obstinación los llevó a esperar noche tras noche, transcurriendo días, semanas y meses hasta que en una madrugada lluviosa del mes de agosto, escucharon que trotaba por las inmediaciones del barrio del Fortín. Se dice que fueron a su encuentro, y que cuando lo avizoraron, el animal detuvo su trote y se mostró dócil, y que luego de aguantar que constataran que no tenía cabeza, que le jalaran la cola y pelos habidos en su anca, permitió que se le encaramaran en el lomo.
Ahora se sabe que, en el amanecer del otro día, en tanto que uno de ellos se le halló con magulladuras en el cuerpo, dando alaridos deloco al tiempo que con una de sus manos restregaba sus lágrimas y con la otra apretujaba un escapulario que su madre le había colocado en el cuello, los otros dos no aparecieron. También se dice que a la par de que a él, le rezaba, lo sahumaba y sobaba con hierbas un curandero para que recuperara su sombra, a éstos se les buscaba por el rumbo de Tezahuapa, el Resumidero y la laguna, pero todo fue inútil. Su desaparición fue un misterio, quedando envuelta en un halo macabro.
La gente de avanzada edad, conocedora de este hecho, rumorea, diceque el burro sin cabeza era un espíritu maligno, brujo o chaneque que se los llevó, un animal del mal que en su loca carrera los condujo hasta el fondo de la barranca de Chompito, en cuyos acantilados, suponen, habita el diablo.
Mucho fueron los rumores en torno a este suceso que aconteció en las postrimerías del siglo XVII cuando aún no existía el servicio de energía eléctrica, diversas fueron las suposiciones basadas en el decir de quien testificó parte del hecho, pero de los dos jóvenes jinetes del burro sin cabeza, hasta la fecha no se sabe nada, sólo queda de ellos la osadía que los indujo a su aventura descabellada.

 

EL DIABLO Y EL ZAHURÍN

Al divisar el cerro de Texcalzin y el hueco que da cabida al resumidero asentados al oriente del valle que da cobijo a la ciudad de Tixtla de Guerrero, viene a cuento lo dicho por algunos ancianos:
“El cerro de texcalzin y el resumidero son resultado de una pelea entre el diablo y un zahurín. Ambos se retaron porque, según el decir de diablo, uno de los dos sobraba en el lugar”
Se dice que, en tanto que la gente quería mucho al zahurín porque era bueno y los ayudaba, al diablo lo detestaban porque les traía malestar y tragedias.
Fue así que el zahurín le dijo a su oponente: “quien haga algo significativo que contribuya a desaparecer la inundación que aqueja a los pobladores de este valle, se quedará aquí”.
Cuentan que, sin pensarlo mucho el diablo, aceptó e inmediatamente partió en dos el cerro que está al oriente del valle provocando que el agua de la laguna se filtrara en poca proporción por lo que ahora se conoce como barranca de Chompito.
Entonces el zahurín dio tremendo puntapié en la base del cerro de Pacho en donde abrió una cavidad por donde el caudal de la laguna fluyó generosamente. Grande fue la sorpresa del diablo pero más lo fue al percatarse que con la tierra desgajada del cerro se había formado un montículo que al transcurrir el tiempo habría de llamarse Texcalzin.
Al verse derrotado el diablo intentó deshacer el trato pero el zahurín lo obligó a cumplir su palabra.
Algunos dice que un remolino tormentoso se lo llevó, aunque no falta quien afirme que, avergonzado y triste, se refugió en la barranca de Chompito en donde fue presa de un hechizo que lo mantiene cautivo.

 

 

EL FÉRETRO

Cuentan los moradores asentados en las cercanías del paraje denominado Las cuevitas en la ciudad de Tixtla que con frecuencia veían un ataúd, en la oscuridad y mitad de la calle, custodiado por dos velas encendidas. Y que como viesen que aquí y allá aparecía y desaparecía sin dejar rastro pero sí, espanto entre los pobladores que deambulaban en la noche, armados de valor y machetes los hombres fueron hasta donde estaba el féretro. Comentan que no obstante que el miedo hacía que se le doblaban las piernas y la quijada les bailoteara, lo sujetaron con reatas y arrastraron calle abajo hasta llegar al cauce del arroyo de Coxtlapa en donde lo arrojaron, lanzándole maldiciones.
Afirman que era una madrugada lluviosa de un día sábado de septiembre y que aunque los protagonistas de esta proeza se sentían aún acobardados por el miedo, la gente acudió a felicitarlos. Y no faltó quien organizara un festín para ahuyentar sus temores.
Dicen que casi todos los vecinos acudieron al jolgorio, solo falta don Susano Cayetano Piedra, y que como viesen que la puerta de su casa permanecía cerrada, uno de sus amigos fue hasta ella y lo llamó por su nombre pero no obtuvo respuesta alguna, sólo escuchó un leve quejido. Se rumorea que, curioso como era el fulano, se acercó y por un agujero habido en el chinantli observó que el hombre estaba tirado en el suelo.
La noticia causó compasión entre los presente propiciando que música y bulla cesaron repentinamente. Todos acudieron a la casa de su vecino, el curandero, como comúnmente lo llamaban. La mayoría de ellos se preguntaban quiénes habían sido los desnaturalizados que había sido capaces de propinarle esas tremendas magulladuras. La mayoría encogía los hombros en señal de ignorancia, pero no faltó quienes atribuyeran éstas a las andanzas de don Susano en su correría de brujo curandero.
Desde entonces, asegura la gente, no volvió a saberse del féretro y su velas vigían en plenitud de las noche, propiciando que las personas deambulen tranquilas por las angostas y empinadas calles del entorno.

 

 

LA GALLINA CON POLLOS

Sea dicho de paso que sin considerar si es verdad o mentira se afirmaba que en algunas noches iluminadas por la luna, se escuchaba y veía transitar una gallina negra acompañada de decenas de polluelos que piaban. Según el decir de quienes dan referencia de este acontecer, salía al paso de los trasnochados paseantes para luego perderse en los recovecos del paisaje pueblerino.
Afirma la gente que alguien, entrado en copas, quiso alcanzarla pero que en su intento las piernas se le aflojaron y que en las primeras horas del siguiente día, temblores y escalofrío invadieron su cuerpo, siendo por ello necesaria la presencia de quien, valiéndose de rezos, buches de mezcal lanzados a los vientos y untadas de hierbas, le procurara alivio.
Se sabe que un envalentonado vecino del pueblo de Tixtla se propuso terminar con la citada gallina y que valiéndose de sus perros recorrió las calles en busca de ella, pero que éstos tan pronto la divisaron empezaron a aullar y gimotear como si algo les doliera.
También se dice que repentinamente desapareció, aunque quienes intentaron aprisionarla, aseguraban que en lo más profundo de su sueño escuchaban el cacaraquear de ella y piar de sus polluelos.

*Libro «Barrios, Tradiciones y Leyendas de Tixtla.» coautoría: Margarito López Ramírez y Reynaldo Alcaraz Peñaloza

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