agosto 27

Mi nombre es Margarito López Ramírez. Nací en el barrio de Cantarranas de la ciudad de Tixtla de Guerrero, Gro., México, el 13 de abril de 1942. Mis padres fueron los señores Benito López González e Inés Ramírez Gómez de López. A la par de que los primeros años de mi vida estuvieron vinculados al cultivo de la tierra y la cría y cuidado de  ganado vacuno, acudí a la casa de doña Eufrosina Cabañas (doña Fochi) en donde aprendí, bajo el rigor de «la letra con sangre entra«, el abecedario de San Miguel; meses después concurrí a la escuela primaria Ignacio Manuel Altamirano  en donde me inscribieron en el grupo llamado de párvulos atendidos por mi maestra Aurora Robledo. Años más tarde recibí el documento acreditaba haber cursado el sexto grado.

Transcurría el mes de septiembre del año de 1956 cuando mi padre me llevó hasta las puertas de la escuela normal rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Gro. Mis pies aún llevaban humedades del rocío y vestigios de lodos recogidos al caminar entre sembradíos, y mi cuerpo despedía tufos cerriles de vacas arreadas para que amamantaran a sus becerros. Sin más preámbulo,  me entregó a quien recibía a los aspirantes, y como vieran las autoridades que era delgado tirando a tehueso, y no había lugar para inscribirme en el primer año de educación secundaria, por sugerencia de la profesora María Ramírez, mi maestra, se me “enlistó” en el Grado Complementario. De tal modo que me me indujeron a repetir el sexto grado; en un principio,  como gaviota”, después, en calidad de “sobrecargo”, y posteriormente en la categoría de “becado” que tenía derecho a comida completa, pues los primeros comían cuando sobraba algo en el comedor, y los segundos, más afortunados, se alimentaban con aquello que se  reservaba de los alumnos regulares (becados). En aquel entonces había carencias alimenticias en esta escuela normal y se sufrían penurias en los dormitorios; los alumnos de más edad gastaban bromas a los más pequeños; mínimo, nos rapaban y, allá de vez en cuando en la madrugada nos arrojaban a las aguas frías que había en un tanque gigantesco atrás del edificio principal de la escuela,… Solo quien ha estado en una escuela-internado, sabe, lo que es dejar repentinamente sustento y comodidad  que se prodigan en  el hogar,   y vivir las veinticuatro horas del día en una comunidad estudiantil de aquellos años en la que lo mismo había alumnos adolescentes, jóvenes y hombres que rebasaban los treinta años de vida. Sin embargo, para muchos de nosotros, superadas las vicisitudes habidas en los primeros días de esa nueva vida, lo insufrible fue sufrible, y nuestra ansias de superación, nos impulsaron a superar escollos para alcanzar un espacio en el ejercicio de la docencia rural. Nuestra procedencia apegada a la tierra y su labranza, nos ayudó a incorporarnos a la comunidad normalista en donde, amén de cultivar el campo y cuidar animales de crianza, se asistía puntualmente a las clases, y  se participaba en las labores de aseo y limpieza en aulas y patios,  En nuestra amada escuela, cuya responsabilidad suprema recaía en el director del plantel, se respiraba animosidad y laboriosidad; imperaba el entendimiento y respeto; existía armonía en la comunidad conformada por alumnos, directivos, maestros y trabajadores.

Después de haber cursado durante un año el grado complementario, tres destinados a estudios de educación secundaria y otros tres para acreditar el grado profesional en 1963 recibí el certificado que me nombraba profesor rural. Años más tarde, en mil novecientos setenta y dos, presenté ante un jurado mi examen para hacerme acreedor al título de Profesor titulado egresado de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, Gro. En 1965 inicié estudios en la Normal Superior en la UAG en donde me titulé a través de examen referente a la creación de la Colonia Ciudad Renacimiento acontecida el año de 1980 en el llano de la Sabana en el puerto de Acapulco de Juárez Guerrero.  Tiempo después, realicé estudios de maestría en el Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa (ILCE).

Mi primer centro de trabajo fue en el poblado de Otatlán del Río, Municipio de San Miguel Totolapan, comunidad enclavada en la sierra del estado de Guerrero en donde recibí, a manera de bautizo, la responsabilidad docente de atender a alumnos de primero, segundo y tercer grados de educación primaria, y, de manera específica, la tarea de enseñar a leer y escribir a personas adultas, fomentar actividades deportivas y artísticas, cultivar la parcela de la escuela y propiciar una sana convivencia con los habitantes. Mi primer supervisor escolar fue el maestro Cirenio Vargas Salmerón de quien recibí instrucciones precisas relacionadas con el desempeño docente, asimismo comentarios, a manera de consejos, para  mantener una sana convivencia con los pobladores. En su primera reunión con los profesores rurales que le asignaban, solía decir: «maestros, les sugiero que no se inmiscuyan en actividades políticas, no les quiten novias a los jóvenes, y tampoco me metan en cuestiones religiosas de la comunidad, porque…» Sus comentarios y advertencias fueron de gran utilidad…

Después de haber fungido como profesor de educación primaria en las comunidades guerrerenes de Otatlán del Río (1963-1964), Xolapa (1964-1965) y Almolonga (1965-1969), en el año de 1969, ingresé a la planta de docentes de la escuela Ignacio Manuel Altamirano de Tixtla de Guerrero, y tiempo después, también laboré en la Prevocacional Baltazar R. Leyva Mancilla. Renuncié a mis responsabilidades docente en estas instituciones, luego de que en 1972 se me asignó como profesor de asignatura en la naciente escuela secundaria «Heroína de Tixtla», fundada por el maestro Ignacio Mena Duque. En ese mismo periodo, luego de haber ejercido la docencia en la escuela normal «Beatriz Hernández García» fui nombrado director de ésta hasta el mes de marzo de 1979, tiempo en el que renuncié para acompañar al maestro Ramiro Basilio Encarnación, promotor de las unidades SEAD de la Universidad Pedagógica Nacional dirigida ésta por el maestro Moisés Jiménez Alarcón, primer rector. En el mes de octubre de 1985, a raíz de que el Lic. Alejandro Cervantes Delgado, Gobernador del Estado, impulsó y decretó la fundación de los Colegios del Bachilleres en el estado de Guerrero, el Lic. Andrés Peralta Santamaría, Director General fundador, me designó primer director del Colegio de Bachilleres Plantel 2, Acapulco. Años más tarde, el Lic. José Francisco Ruiz Massieu me designó, como elemento coadyuvante al lado de la Lic, Marisela Ruiz Massieu, primero, Subdirector del Museo Histórico “Fuerte de San Diego”, después Subcoordinador de Actividades Culturales en el Centro Internacional Acapulco, y, en la fase final de su gobierno, Subdirector de la Casa de la Cultura en Acapulco.

A partir de 1996, siendo el maestro Eduardo Maliachi Velasco, Secretario de Educación Guerrero, fungí como  Director Estatal de Educación Media Superior y Director Educación Normal en el Estado, y después, ; durante la gestión del Lic. Miguel Mayrén Domínguez,Secretario de Educación, atendí la Coordinación de Maestrías de la SEG. Siendo Secretario el C.P. Daniel Pano Cruz, me asignó incorporá al área de sus asesores y después, me nombró Subcoordinador de Servicios Educativos en la Zona Norte de Guerrero. Finalmente, durante la gestión del gobernador Zeferino Torreblanca Galindo,  el Secretario de Educación José Luis González de la Vega, me designó  Coordinador Estatal de Carrera Magisterial.

*En periodos  diversos, fungí como asesor de los Secretarios de Educación en Guerrero: Daniel Pano Cruz y José Luis González de la Vega.

En el hacer literario, tengo en mi haber cuentos, relatos novelados editados en los libros: «Imágenes y Matíces», «Concho Terensio», «Murmullos de Arena», «Paloma María», «La tía Pola», «Vericuetos de un Silencio», «Asomos de Vida», «Monólogos de Godofreda», «A la Vera del Camino (fragmentos),» «Personajes Pueblerinos de Tixtla,» «Tixtla de Guerrero, Gro., México» y «Semejanzas en el valle Tistlan.» En  coautorías,: “El Chincual”, “Sones de Tarima y Bailes de los Manueles” y «Barrios, Tradiciones y Leyendas de Tixtla